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Vivencias / San José

Vivencias / San José

Atraídos por la bulla del reventón petrolero en Las cabeceras del río Tigre, llegaron en aluvión; como río desbordado penetraron el caserío, el pequeño poblado, esperanzados por un mejor porvenir, vinieron en busca de trabajo, tener un empleo bien remunerado, era su propósito que le permitiría vivir dignamente.

A diferencia del desordenado apretujamiento urbano que se formó al rededor del pozo Oficina 1, aquí, en el antiguo caserío El Tigre, se fue desarrollando con un poco de ordenamiento, pero más lento. Los forasteros que llegaban observaron versiones distintas de la explosión demográfica de dos pueblos con el mismo nombre, que se desarrollaban por la misma razón y con el mismo propósito, entonces le fueron cambiando el nombre y aquel que crecía con más prisa se empezó a llamar El Tigre y al antiguo caserío El Tigre que se fue quedando más chico lo llamaron El Tigrito.

Estos conglomerados nadie oficialmente los fundó como tradicionalmente fundaron los pueblos por quienes la historia así lo señala, empezaron y crecieron al calor de trabajadores que requería la explotación petrolera, todos los días llegaba nueva gente que dejaba su terruño originario, su oficio, las tareas agropecuarias y pesqueras, para rasgarles las entrañas a la tierra en busca del oro negro.

Algunos de esas personas se emplearon  en la petrolera casi de inmediato, otras sin embargo debieron esperar que le llegara su oportunidad, tanto una como otra requerían apoyo, los que lograron emplearse, para que su empleo fuera estable y los que aún esperaban, deseaban no esperar mucho por el “enganche”.

Otros que se establecieron como comerciantes aspiraban que todo fuera bien y que sus empresas lograran prosperidad. Todos necesitaban de todos, entonces entendieron que era necesario reforzar la fe, ofrecer sus oraciones a un ente que representara su creencia y su religión cristiana, y de allí surgió la imagen más adecuada para sus propósitos, el santo patrono del trabajo, el padre humano de Nuestro Señor Jesucristo, San José, patrono de El Tigrito y luego de Guanipa, así se llamaría entonces, San José de Guanipa.

Creencia y esperanza personal y colectiva en la existencia de un ser superior que generalmente implica el seguimiento de un conjunto de principios religiosos, de normas de comportamiento social e individual y una determinada actitud vital, puesto que se considera esa creencia como un aspecto importante o esencial de la vida, “tener fe”, era necesario un lugar donde rendir culto a la imagen que representa su fe, la fe de su pueblo, entonces se tornó imperativo un lugar donde ofrecer sus oraciones.

En principio muy cerca donde vecinos indicaron sin precisión, existió una pequeña capilla, en la calle 19 de Abril, allí se construyó unas fuertes y resistentes fundaciones para la edificar la iglesia, pero muy pronto hubo que abandonar el proyecto en vista de que cada vez que llovía y en esta zona es muy frecuente, el torrente del agua que buscaba su drenaje natural, impedía el libre acceso a dicha edificación. Sin embargo quedaron las fuertes fundaciones para que luego que se construyera el necesario drenaje se pudiera edificar lo que hoy es la plaza Anzoátegui.

Fue así como la junta de comerciantes católicos que conformaron una especie de curia local se avocaron a la consecución de un terreno que sería la locación estable para edificar el templo. Esa junta integrada entre otros por Teodoro Batiuk, Balaam Ortega, José Coraspe, Daniel Peter Gómez, César Romero, Rafael Caldera el dueño de “La Gran Bodega”, Jesús Pérez y como secretario de la junta, un señor muy educado pero que para oír requería audífonos por lo cual lo llamaban “el Sordo Salinas”,

La nueva locación en cuestión fue ubicado entre la calle Sucre y el callejón Urdaneta, en unas casas y solares que adquirieron a sus dueños, entre los que se mencionan a la Sra. Eufemia Freites, Luis Cova, Juana Maiz, Luis  Morales, María de Espinoza y Alida Rondón, estos terrenos quedaron al frente de otro gran solar donde tenía un asentamiento un fundo perteneciente a  una familia de apellido Sucre, asentamiento que luego lo adquirió las autoridades oficiales del gobierno perezjimenista para la construcción de la plaza Bolívar.

En los terrenos y solares donde se construyó el templo, se destinó un área para edificar el Colegio San José y la casa parroquial, que era necesario mudarla ya que para entonces la misma estaba ubicada en la calle 18 de Octubre, entre la “Parada de la Socony,” y la vivienda de una familia de origen francés, allí en ese local que administraba un sacerdote y que servía de oficina coordinadora de los aportes que hacía “Conferencia Internacional”, una institución que precedió a lo que hoy conocemos como Cáritas de Venezuela, allí se coordinaba la distribución de leche, harinas, funche, etc., pero también funcionaba la oficina receptora-pagadora de la Lotería de Animalitos, cuyo sorteo se efectuaba en Aragua de Barcelona y el resultado diario del sorteo, en un principio lo traía un señor llamado Lino, autorizado oficialmente por la junta, que como especie de curia utilizó el beneficio de la lotería para subsidiar el costo en la construcción del templo.

La población de El Tigrito pertenecía (quizás por su facilidad en el acceso) a la diócesis de Ciudad Bolívar por lo que esa autoridad eleva a parroquia eclesiástica a la población de El Tigrito,  y en el mes de junio del año 1952 fue  designando al padre Aquiles Zanini quien ejercía esas funciones en Pariaguán, como primer párroco de San José de Guanipa, parroquia que desde entonces viene prestando sus servicios eucarísticos a la católica población.

Es importante reconocer que el juego de campanas de la iglesia y que aún continúan repicando, fue una donación del señor Caldera, dueño de la casa comercial “La Gran Bodega” y que el templo tal como luce hoy no fue lo que en principio se construyó. En primer lugar la parte donde está el altar mayor fue ampliada y modificada e igualmente la sacristía, en segundo lugar el lateral del ala derecha, fue ampliada en toda su extensión y eso se logró con la fundamental participación principalmente de la Juventud Católica y que sería necesario una amplia crónica de cual haremos entrega posteriormente, pero muy pronto.

Desde entonces San José tiene su templo y los guanipenses los tiene a ambos, santo y templo, imagen y lugar donde orar y renovar su fe, además con más reciente data se erigió la imagen de San José en la entrada a la ciudad, en la intersección de las avenidas Intercomunal, Fernández Padilla y Vea, como símbolo de fe a su patrono.

“Si no contamos la historia, corremos el riesgo de no saber quiénes somos, y lo que es peor, olvidar que hemos vivido”

Twitter @nunez_centeno

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