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Raíces del municipio  Monagas / María Ramona Herrera: Anegada madre de varias generaciones

Raíces del municipio  Monagas / María Ramona Herrera: Anegada madre de varias generaciones

Uverito.– La tarde era espesa color gris bajo la pertinaz lluvia. Era una de esas tardes en las cuales sólo provoca el acompañamiento calientico del lecho hogareño o de un cafecito recién colado con aromas a distancia silvestre. Las calles de Uverito parecían acurrucadas en la modorra del tiempo húmedo. Tocamos la puerta de la vivienda y mientras esperábamos que abrieran, las gotas de agua se tornaban impetuosas. El rostro de Ana, nos atrajo de inmediato a recuerdos lejanos, a los juegos tradicionales de cuando niños en los patios grandes y blancos bajo la luna de verano en los campos de Dos Caminos: el venao venao, la cebollita, la burriquita, el teco. Y atrajimos igualmente a la memoria los rostros niños de Ana Rosa, de José, de Rosa, de Benito, y los de María Urdelina y Víctor “Polón” ya formados pareja pero también prestos al juego de muchachos.

Preguntamos a Ana (una de  las hijas) por Ramona y nos dijo que estaba en el cuarto acostada con síntomas de tensión alterada, la buscó allí y no estaba y supuso estaba para la calle, fue en el patio trasero donde la encontró. Ella nos saludó con ese afecto característico familiar con el que siempre nos ha tratado y se sentó en un chinchorro en medio de la pequeña sala de la vivienda flanqueada por una de sus hijas y un nieto. Le expusimos el motivo de la visita y dio muestras de incomodidad, y puso varias objeciones alegando que ella no sabía nada; cuando le manifestamos la necesidad de tomar fotos, quiso rechazar por completo la idea, -estoy muy fea para fotos- pero luego, ya más decidida y con la llegada de otra de sus hijas: Dexi, finalmente empezó a contarnos algunas anécdotas de su juventud.

   Hija de María Vidal, a quien no conoció ya que murió apenas un mes de haberla dado a luz, y quedó a cargo de María Herrera que se convirtió en su madre de crianza y le dio el apellido; su padre Domingo Orta, a él si lo conoció. María Ramona Herrera, es una mujer de contextura fuerte, con el rostro de una madre que ha parido 15 veces, ya marcado por el vaivén del tiempo pero abnegado y con la fe puesta con Dios en primera persona. Tiene una evocación agradable de recuerdos vividos. –Ay, para yo saber donde nací- dijo cuándo le preguntamos por el lugar de nacimiento: – Bueno, sería Uverito, que fue donde me crié- sentenció finalmente para agregar –cerca de aquí quedaba El Uvero, un campo donde vivimos un tiempo, cuando llegamos allí ya ese campo existía cerca de Uverito. Cuando yo nací este pueblo se llamaba Uverito.

Es posible porque había matas de uvero por allá, fuera del pueblo -. Durante toda la entrevista, la acompañó Dexi Herrera.

   -De los 15 hijos que tuve, 13 están vivos y la mayoría reside en Uverito, uno está en Mapire, otro en Pariaguán, uno en El Tigre y el que se encuentra más lejos es Benito que está en el estado Falcón.  Son siete hembras y seis varones.

Ramona, tiene un promedio de 76 nietos, unos 20 bisnietos y 1 tataranieto. De esos hijos, trece son producto de su larga unión con Nicolás Villarroel, del cual sólo la muerte de este la separó. Ella dice que la mayor parte de su vida la ha vivido en Uverito, aunque por un largo tiempo estuvo viviendo junto a Nicolás, en El Potrero, sitio cercano a San Diego de Cabrutica.

-Antes habíamos vivido por Santa Cruz- afirmó, para agregar -después fue que nos mudamos para San Diego. Ya cuando nos mudamos para San Diego ya teníamos a Héctor, Ana, María y a Hilda. Estuvimos como 20 años viviendo en San Diego, por allí por El Potrero. Nicolás trabajaba y hacía unos grandes conucones donde tenía arroz, plátano, maíz, allí nacieron casi todos los muchachos. Eso era en la orilla de Quebradón, cerquita quedaba Quebradón, de allí.

 ¿Cómo era Ramona Herrera cuando estaba muchacha?

   -Yo cuando era  muchacha era muy jugadora, parrandeaba mucho, a mí en la juventud me gustaban mucho los bailes. A mí la escuela no me gustaba mucho. Nunca me gustó, no aprendí a leer porque no me gustaba la escuela. No aprendí porque me peleaba en la escuela. Carmen María, la esposa de Antonino, ella tiene varios cuentos míos, era la maestra y yo le daba ñizques cuando me regañaba, me le ponía brava. Una vez, ¡ay, qué ver! le pedí permiso para ir a orinar y me dijo que no y me oriné en la pata de la mesa. Bueno, pero te diré, que ahora en la Misión Robinsón fue  que aprendí a poner mi nombre con la maestra “Soti”. Bueno, ve, en tantos años ahora fue que aprendí, pongo el nombre y hasta el apellido y no he seguido estudiando porque me enfermé y ahora tengo problemas con la tensión-. Ramona no sabe leer pero si es una experta sacando cuentas de manera empírica.

¿Qué otros recuerdos tienes de muchacha?

-Bueno, me gustaba mucho jugar zarandas, perinola, quimilinduñe, me encantaba eso, todavía me acuerdo, en Semana Santa uno se terciaba un morral de zarandas y se iba por esos campos a jugar y a jugar perinola y quimilinduñe. Yo todavía les hago zarandas a las muchachas, pero no saben jugar, una vez le iban rajando la cabeza a una y se cortan las manos, no saben. Uno salía en cambote por esos campos, íbamos a Potrerito y de aquí a Zariapo, íbamos a pie y regresábamos en la tarde, todo ese poco de muchachos. Ahora no, ahora salen y eso es a enamorarse que van, no hay respeto como antes. Yo tuve hijos a temprana edad.

 ¿Algunas anécdotas de cuando vivías en El Potrero?

-Mira, nosotros cuando estuvimos en El Potrero siempre veníamos a Dos Caminos a visitar a María que vivía allí con Víctor Manuel “Polón”. Una vez a mi hija Rosa, en Dos Caminos, estaban moliendo y ella parece que comió mucho papelón y le dio un gran dolor de barriga y le dimos aguas de mata. Yo en El Potrero ordeñaba unas vacas. El compai Enrique Sánchez, nos dio unas vacas, él era el padrino de Rosa. Cuando salía ganado de él por allá, le decía a Nicolás: “Compai, agarre unas vacas de esas para que beba leche. Era gente muy buena. También viviendo en El Potrero una vez ayudamos a Javier Malavé a coger arroz, a él se le dio mucho arroz un año y se le estaba cayendo y le dijo a Nicolás que lo ayudara y yo también fui y cogimos arroz durante toda una semana. Cuando estábamos en El Potrero, Nicolás trabajaba duro, esas tierras eran buenas.

¿Después de El Potrero?  

-Después que estuvimos un tiempo en El Potrero  nos vinimos de nuevo  para Uverito, queríamos poner a los muchachos en la escuela, después que nos vinimos para acá fue que tuvimos muchachos, cinco más. Cuando regresamos a Uverito ya teníamos esta casa donde estoy viviendo. Tenemos muchos años  de nuevo aquí, fíjate, que la última hija que es Dexí, ya tiene 33 años y antes que ella, nacieron cuatro aquí. Sí, lo importante de los hijos es que uno a la hora de una cosa tiene alguien que lo ayude-. Luego hace una acotación de manera jocosa –yo me llego a morir, sólo con los nietos basta para velarme, todos los nietos están vivos gracias a Dios. Cuando se encuentran todos, eso es un gran gentío. En diciembre hay que matar un becerro para que coman todos.

¿Que eres tejedora de chinchorros?

-Sí, yo tuerzo y hago chinchorros, lo único que no hago es encabullerarlos, yo los chinchorros los hago para mí, yo no hago chinchorros para vender, a mí se pone viejo un chinchorro y tuerzo y hago otro.

¿Háblanos de Uverito cuando tú eras muchacha?  

-Uverito no tenía muchas casas, era un pueblito donde las casa eran regaditas, sí tenía la plaza y en ella existía una pileta en el medio y mi mamá nos mandaba a buscar agua, allí por la mañana se hacía esa cola, a veces iba ese poco de muchachos y muchachas y nos peleábamos y hasta se rajaban la cabeza con los peroles. Después, mucho después, pusieron tuberías en todo el pueblo. Carmen María puede darte razón de muchas cosas de esas. “Potono” también debe saber mucho de esto.

 ¿Cómo te sientes actualmente?

-¡Ay hijo!, a veces amanezco bien, la tensión es lo que más me molesta, tengo que estar tomando pastillas, pero por lo demás tengo ánimo para todo, por ejemplo cuando se hacen los velorios de cruz de mayo, allí estoy yo. Este año lo puse e hicimos uno en la plaza, vino una gente de la gobernación y me comprometieron a que tengo que hacerlo todos los años allí en la plaza. Eso es muy bueno. Yo antes hacía comida, este año no hice, no me sentía muy bien, pero yo otras veces  llevaba y obsequiaba dos botellas de ron, carato de maíz, moriche.

¿Cómo te sentías ahora a tu edad estudiando de nuevo? 

-Cuando “Soti” (así nombran familiarmente a la Prof. Teresa Herrera) me daba clases, me daba un sueño, mucho sueño cuando iba a hacer la tareas, era como una niña y mi hija me decía no se duerma que ya va a ser la hora de la clase. Mi hija Dexi siempre ha estado conmigo aquí, una vez se fue para Barcelona con el marido y duró un mes por allá y se vino de vuelta a Uverito conmigo.

¿Ramona tienes ayuda social de algún organismo oficial?

-No tengo nada, ni pensión ni nada, antes cuando el otro alcalde nos daban una ayuda, pero ahora nada, parece que eso ya no se puede. Tengo la ayuda de mis hijos que todos los días me ayudan de alguna manera, cuando no es uno es el otro, pero me dan gracias a Dios todo poderoso.

Entrevista realizada en Uverito en julio de 2011.

Nota: Ramona Herrera murió hace algunos meses en su pueblo de Uverito.

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