Atlanta ganó el primero y toma ventaja en la Serie Mundial
Colombia será la sede de la Copa América femenina en 2022
Feria Electoral lista e inicio oficial de campaña a punto de caramelo
Falso efectivo de la GNB fue detenido en El Tigre luego de realizar varios robos y acoso a mujeres
Tito Mata: Están aplicando distracciones políticas para atacar el trabajo que estamos haciendo
El chavismo dice que está dispuesto a todo para ganar de «manera aplastante» el 21N
Monitor Salud: Ocupación en hospitales centinelas es de 48,5 % para camas de cuidados intensivos
En municipio Freites de Anzoátegui buscan candidato único de oposición
Encontraron sin vida a dos de las cinco víctimas del naufragio de Macagua
Senado de Brasil aprueba informe que acusa a Bolsonaro de crímenes durante la pandemia
Defensa de Alex Saab pide que solo los medios “de buena reputación” puedan acceder al juicio
La UE desplegará 44 observadores en el arranque de la campaña electoral en Venezuela
Venezuela suma 1.148 nuevos casos de Covid-19 y 14 fallecidos
Dos accidentes dejan un lesionado en El Tigre
Polisosir detiene a sujeto solicitado por homicidio de sexagenario ocurrido en el sector Agua Fría 
Dirigentes de AD en El Tigre se cansan de atropellos y deciden renunciar para apoyar a Raydan y la Unidad
Frontera con Colombia abierta de manera permanente
Nuevo doblete de Deyna Castellanos da la victoria a la Vinotinto femenina
Chelsea avanza a los cuartos de final en la Cola de la Liga inglesa
Cumbres de la Historia / El Decreto de Recompensas
Next
Prev
octubre 27, 2021
Hoy martes 26 de octubre de 2021 | Valor Petro: Bs. 236,7800 para la compra / Bs. 236,7800 para la venta | | IDI: 0,0205| | Sistema mesa de cambio: BCV: $ 4,2111 / BDV: $ 4,1745 / BCV: € 4,9023 / BDV: € 4,8205 | | Menudeo: $ 4,2111 / € 4,9023 para la compra, $ 4,2532 / € 4,9514 para la venta. |

Diálogo y supervivencia

Diálogo y supervivencia

 “A mí ya no me importan ni la oposición ni el gobierno. Yo lo único que quiero es que me dejen de joder”. Lo dice un venezolano que tiene un pequeño puesto de venta de empanadas cerca del centro de Caracas.

Me contó que en estas dos décadas ha sido de todo: votó por Hugo Chávez en 1998, se desilusionó, apoyó después a la oposición y terminó también decepcionado. Ahora solo quiere que lo dejen en paz, tratando de sobrevivir.

Se ha anunciado que el próximo viernes 13 de agosto comenzará, en México y con el acompañamiento del gobierno de Noruega, una nueva mesa de diálogo entre el gobierno y las fuerzas de oposición de Venezuela. La mayoría de la población, sin embargo, no ve este hecho con esperanza. Son demasiados años de desgaste.

Es evidente que el chavismo busca liberarse de las sanciones internacionales y que la oposición quiere recuperar sus espacios políticos. Lo que está menos claro es quiénes representan realmente a los ciudadanos. Cómo y de qué manera está presente en la negociación la realidad cotidiana de los venezolanos.

Salí de Venezuela en el año 2013 pero, por lo menos dos veces cada año, volvía y me quedaba un tiempo en el país. Estuve por última vez en enero de 2020, justo antes de que comenzara la pandemia. Acabo de pasar un mes en Caracas y, como siempre, vuelvo a sentir que el país es otro, que todo cambia demasiado rápido. Nunca antes había sentido un desinterés tan contundente por la política. La hipótesis de un escenario alternativo, la ilusión de posible salida del conflicto, está cancelada. La esperanza ha desaparecido del ámbito público, que se ha reducido a la legítima lucha por la supervivencia. Sobrevivir es también una forma de resistir.

Me asombra, por ejemplo, la naturalidad con que mis amigos o familiares se relacionan con la delincuencia uniformada. “Si vas a manejar —me advierten—, lleva todos los papeles, hasta el título de propiedad del carro”. “Pon un billete de diez dólares en la cartera, de todos, por si acaso”, también me dicen. El término es “matraqueo”. Se corresponde a la “mordida” mexicana. Es lo que hace o intenta hacer cualquier policía o militar que te detiene en una vía pública. Todos mis conocidos han tenido al menos una experiencia con uniformados que los paran en la calle y tratan de sacarles dinero.

Un sobrino trabaja en un restaurante. Salió a las once de la noche, iba a visitar a su novia. En el camino, dos motorizados los detuvieron, lo encañonaron con sus armas. Eran policías. Mi sobrino tenía todos los papeles en regla. Al rato, un poco cansado del trámite, uno de los policías se lo dijo claramente: “Pero ¿y entonces, chamo? ¿No tienes nada ahí para rescatarme?”. Terminó dándoles un sanduche que había preparado en el restaurante y que era la cena de su novia.

Me interesó la expresión “rescatarme”, el verbo: rescatar. Me explicó mi sobrino que es una forma más personal de pedir algo. Las autoridades —la supuesta representación de la institucionalidad— tratan a los ciudadanos de una manera similar que algunos delincuentes. Son rehenes que deben pagar un rescate.

Esa línea indefinida donde se cruzan la violencia y la legalidad apareció de manera más brutal una semana después. Durante tres días, un operativo de las fuerzas de seguridad del gobierno incursionó en la Cota 905, un barrio en el suroeste de la ciudad para enfrentarse con un importante grupo delictivo conocido como la banda del Koki. Los tiroteos dejaron un saldo de 33 muertos, la mayoría de ellos a causa de “balas perdidas o ejecuciones extrajudiciales”. Aunque se ofrecía una recompensa de 500.000 dólares, el gobierno no logró atrapar a los cabecillas de la banda.

Durante ese tiempo, traté de obtener algún tipo de información sobre lo que estaba ocurriendo. En las noches, los noticieros que vi no decían nada. En el día, algunas estaciones de radio mencionaron el enfrentamiento pero siempre con aséptica prudencia, pero ofreciendo pocos datos y ningún análisis. Las páginas de los periódicos digitales que suelo acceder desde el exterior, estaban todas bloqueadas. Solo quedaba Twitter, que no es un medio de comunicación sino una red cuyas informaciones no son siempre confiables. Había una guerra pero era invisible. El chavismo, para variar, culpó a la oposición y al imperialismo. La oposición culpó del caos al abandono del Estado.

Para muchos venezolanos, ya no importa lo que diga un bando y otro. La política ha pasado a ser un relato ajeno, sin conexión con lo que ocurre. Enganchados en su dinámica polarizada, acusándose todo el tiempo mutuamente, los líderes parecen personajes inverosímiles, cada vez más alejados de la realidad concreta de la población. Mientras se anuncia el nuevo diálogo y una nueva reconversión monetaria, la desigualdad entre la extrema minoría que tiene dólares y el resto de la población se hace cada vez grosera y obvia.

En un bodegón, una tienda de productos importados, vi a un hombre joven que hablaba por su celular en voz alta empujaba un carrito lleno de alimentos y botellas de licores importados. Tras él iba su chofer (o tal vez su guardaespaldas) empujando otro carrito. A voz en cuello, el hombre ultimaba los detalles de una fiesta y, con pretendida graciosa complicidad, trataba a su interlocutor de “comandante”. Este tipo de escenas, muy frecuentes, deshacen cualquier retórica sobre el bloqueo y las sanciones. La burguesía revolucionaria hoy se exhibe sin temor y sin pudor. La dolarización y el aislamiento han hecho más evidente su reinado. Es una élite privilegiada en medio de una mayoría cada vez más pobre.

Una de las justificaciones centrales en la génesis del chavismo fue la condena a la represión al pueblo que reclamaba sus derechos. Después de más de dos décadas en el poder, el chavismo ha terminado siendo también mucho peor que cualquiera de los gobiernos anteriores. Basta mirar la persecución a las organizaciones civiles, a los sindicatos, a los periodistas y medios de comunicación independientes. Más allá de la política y de las fuerzas de oposición, el chavismo ha desarrollado un ataque a cualquier representación popular que no controle. Esta semana, metió presa a una enfermera que protestaba por un sueldo justo y por el derecho a vacunarse.

Twitter @Barreratyszka

ÚltimasNoticias

Noticias Relacionadas

© 2021 - Primera Fila C.A. - Venezuela
Diseño y desarrollo César Rojas & Nguyen Hernández