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Altos precios del gas doméstico encienden los fogones en sectores populares de El Tigre

Altos precios del gas doméstico encienden los fogones en sectores populares de El Tigre

El Tigre.- Nada extraña ver elevarse una columna de humo desde cualquier patio de casa o respirar el humo que expide la madera al ser consumida por el fuego en cualquier sector popular de El Tigre. El olor no es como antes, de carne asada, a parrillada sobre brasas de manteco. Ahora no. Ahora huele a humo de leña mojada, leña verde o cualquier chamiza que arda. Que sirva para preparar los pocos alimentos que los vecinos pueden conseguir.

Esto sucede porque nuevamente se presenta en el municipio Simón Rodríguez del estado Anzoátegui una situación difícil para acceder al gas doméstico. No porque haya escasez extrema como hace poco más de un año atrás. Sucede que el problema son los altos precios. Precios dolarizados como ocurre con la mayoría de los productos en Venezuela.  Por ello, en las últimas semanas ha aumentado el número de hogares en los que se cocina en fogones hechos de distintas formas y algunos hasta improvisados con los recursos  que se tenga a la mano.

Tampoco es raro ver a madres de familia, algunas solas o acompañadas de menores, acarreando en sus brazos, en sus cabezas o en carretillas, ramas, astillas y cualquier palo que se queme o arda para alimentar el fogón que les permite cocinar. Otras, van de casa en casa preguntando si en el patio, los vecinos tienen alguna ramas seca que les sirva de leña.

Es parte de lo que muestra el cuadro de deterioro social que se vive en Venezuela producto de la crisis política, moral y económica que se ha instaurado, llevando a niveles insostenibles la calidad de vida, y donde la prestación de los servicios públicos, son el dolor de cabeza de millones de conciudadanos, en los que dada la facilidad con que se irrespetan las leyes, la especulación y la usura, sin contemplación alguna, son el pan de cada día.

Esta vuelta a los fogones, propios de las cocinas en el medio rural de los años 40, 50 y 60, hoy se revive en centros urbanos como El Tigre. Ello obedece a que las mermadas posibilidades adquisitivas de los venezolanos, como otros tantos artículos, no les permiten cubrir los elevados precios que cuesta una bombona de gas doméstico, por lo que valoran cada chamiza, cada astilla como el instrumento al alcance de la mano para poder coser los escasos alimentos.

Bombona más el taxi

Cerca del cruce de La Botella, entrada de la carretera de Pariaguán a El Tigre, bajo un inmenso árbol de masaguaro que está al lado de un taller de mantenimiento mecánico para automóviles, observamos a Vilma Guayapero, junto a uno de sus nietos menores, que recogen trozos de ramas secas y suben a una carretilla hasta formar un túmulo que luego la mujer sujeta con una cabuya y emprende ruta hacia el sector Cincuentenario donde reside. Mientras camina, va contando a medias que no tiene dólares para pagar una bombona de gas de las que ella usa, de las medianas o de 18 kilos. “El gas llega en los camiones, ¿pero quién lo puede comprar?”

“El problema no es solamente pagar el precio de la bombonas de gas llena, que varía de acuerdo al peso y el punto donde lo compres, pero una bombona mediana de 18 kilos puede costarte en El Tigre más de 30 millones de bolívares y en dólares 8 y hasta 10 o más. Es que además de este precio que le colocan a  capricho los vendedores y distribuidores del combustible, también los que no tenemos carro o carrucha, debemos tener adicional para cancelar la carrerita del taxi”, dice la mujer.

“Con  lo poco que se rasguña en la casa, se compra es comida. El gas es una necesidad de primer orden, pero cómo hacemos, esa gente es una sola conchupancia para especular; nada les importa la tragedia que padecemos los pobres. Quieren hacerse ricos con el hambre  de nosotros. Dios sabrá cuándo les toque a ellos pagar esta insensible manera de  comportarse sólo por sacarle cuatro lochas a quienes no las tenemos”, aseveró.

“A mí me ven por ahí, como gallina para hacer nido, recogiendo cuanto palito veo en el camino. Es que no me queda de otra, para poder cocinar tengo que usar leña. El gas, como otros tantos servicios que antes disfrutábamos, va quedando en una de esas cosas que ya nos hemos acostumbrado a suprimir porque no tenemos plata para pagarlos”, dice Guayapero, con una calma que ya no parece calma, sino resignación.

Ojos ahumados 

“Ya estoy perdiendo la vista por tanto humo que recibo al soplar fogón. Eso también me ha afectado los bronquios. A cada momento trago humo. Sopla y sopla y como no es buena leña que uso, toda se va en humo. Humo en las ollas, humo en la cara, humo en el pelo, humo en los ojos, humo en los pulmones, que hacen que uno llore sin querer, pero de verdad que esta situación de Venezuela no es para menos, es para llorar”, comenta por su parte Cruz Romero, residente del sector Andrés Bello, al final de la calle principal.

¿Ante quién denunciar?

Ricardo Anuel, habitante de Chaguaramos II, dijo “que hay gas; tú ves a los camiones que cruzan para allá y para acá, con bombonas de gas, pero el problema es el precio que le colocan. Tanto los camioneros como los distribuidores y vendedores en los puntos de distribución o de venta que es cualquier casa que se le antoje vender, sin mayor permisología, exageran con los precios, son unos abusadores, estafadores; ¿pero ante quién se queja uno? ¿Ante el concejal Dimas Acosta? A mí me parece que él también está en esa cadena de los que estafan con los precios del gas, porque arranca un operativo hoy, haciendo valer un precio razonable y ya mañana vuelve la misma guachafita de arrancarle a uno un ojo de la cara por un cilindro (de gas)”.

Prosiguió con relación a dónde denunciar el abuso: “¿Ante la gerencia de Gas Comunal Pdvsa? ¿Ante la Defensoría del Pueblo? esa gente como que pasa el tiempo durmiendo o quizás hacen de todo, menos defender al pueblo. ¿Ante quién reclamar frente al abuso del que somos víctimas? Con este gobierno revolucionario, compai, uno se siente tan indefenso, que lo que nos queda es irnos a llorar para el valle. ¿Quién recuerda a aquellas instituciones como el Indecu o la Sundee? Se las tragó la hiperinflación. Uno no sabe si esos organismos existen, si su gente está trabajando, o dónde trabajan ahora y si trabajan qué hacen”.

Un comején humano

Poniéndole un poco de humor a la dura situación, Freddy Alcántara, vecino de Anuel en Chaguaramos II, dice: “Yo ya he acabado con los escaparates que había en la casa. Una mesita de madera que era un recuerdo de mi abuelita, la tuve que desarmar y al igual que los escaparates, los convertí en leña para que mi esposa haga la comida. Y a veces me quedo viendo el techo machihembrado que tiene en su casa un vecino y me digo que si se llega a ir de vacación  o del país, cuando regrese, tendrá que poner techo nuevo, porque el que tiene se lo voy a bajar para convertirlo en leña. Ya parezco un comején humano. ¿Comprar gas? no, qué va, eso es cuestión del pasado. Esos operativos  que organizan las comunas, las Ubch, los jefes de calle, consejo comunal, no sé realmente cómo es que se llama eso, tienen más nombre que el padre Libertador, no resultan, eso lo manejan en macolla, en componendas para beneficiar sólo a su gente y el resto del pueblo que se fuña, viejo”.

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