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Sandy Tucci: el mejor premio para un escritor es que lo lean y recuerden lo que han leído

Sandy Tucci: el mejor premio para un escritor es que lo lean y recuerden lo que han leído

El Tigre.– Era mediodía. Estábamos en la redacción del diario Mundo Oriental, en la avenida Francisco de Miranda de El Tigre. El periodista José Hurtado Gallo, que era el director, me preguntó si conocía a Sandy Tucci. Respondí que no. Ahí me dijo: conócelo. Lo tenía al frente a unos siete pasos de distancia. Para ese entonces, creo que Tucci trabajaba en el diario El Universal de Caracas, y su libro “Anglicismos en la prensa de Caracas”, había recibido mención especial a la investigación impresa, otorgada por la Fundación Andrés Mata; pero hacía diligencias para regresar a vivir en la mesa de Guanipa, de donde salió en 1975 a realizar estudios en la Universidad Central de Venezuela; de allí egresó con licenciaturas en Letras y Biología. Desde ese encuentro en la redacción del diario, hemos fomentando una larga amistad fortalecida por la literatura.

Admiro de él la rigurosidad, lo acucioso y preciso en cuanto escribe y en su estilo de vida y prodigiosa memoria. Poeta, narrador, ensayista, docente, biólogo, editor y promotor cultural. Nació en El Tigre, estado Anzoátegui, en 1957. Participó en un taller literario dirigido por el escritor Denzil Romero en el centro de estudios latinoamericanos Rómulo Gallegos (1979-1980) en Caracas. Fundó y dirigió la revista literaria Guanípolis (San José de Guanipa – 2001). Entre sus libros publicados, encontramos: “Los anglicismos en la prensa de Caracas, (ensayo – Caracas, 1990), “Cuentos de Navidad” (cuentos – Caracas – 1998),   “El destino” (cuentos – Caracas- 1999), (cuentos), libro que mereció mención de honor en la X bienal literaria del Ateneo de El Tigre; “Los aromas del viento” (poesía – San José de Guanipa, 2001), “Un día mágico en la vida de Magda” (cuentos- Barcelona, 2006), “Ortografía divertida” (ensayo – Caracas) y “Cuentos desde Venezuela” (cuentos – Sevilla, España, 2009).

Para conocer un poco más de este destacado escritor venezolano, nos acercamos a él a través de la siguiente entrevista.

 ¿Quién es Sandy Tucci?

-Aunque no lo creas, yo no sé. Soy un elemento extraño en un mundo difícil y fácil a la vez. Sin embargo, te puedo decir que soy un ciudadano que desea ver el bien para su país y su gente.

 ¿Cómo fue tu infancia?

-Fue fácil y difícil. Tuve una familia y estuve rodeado de seres queridos; como todo niño fui travieso, inquieto, juguetón, curioso. Gran parte de eso se aprecia en mi reciente novela “Cuando éramos felices”. Tuve momentos muy felices, gracias a Dios. Opuestamente, tuve otros muy amargos, muy duros, y eso forma parte de mi siguiente novela, la cual ya está escrita, pero aún en fase de corrección y cuyo título aún no puedo decir.

¿Cómo crees que te hiciste escritor?

-Eso es algo que uno debe internalizar primero. Debo sentirme escritor para poder serlo. Empecé a escribir a los catorce años. Mi hermana Carmen Rosa (Rosy para los allegados), cuando tenía diez años, dibujaba comiquitas y les ponía una historia. Comencé a competir con ella, pero yo no tenía la destreza para dibujar como ella. Entonces, empecé a escribir historias sin dibujos. Cuando tenía dieciséis años escribí un cuento y lo envié al diario Antorcha para su publicación; no me lo publicaron, pero recibí la visita de don Juan Meza Vergara. Vino a mi casa y me dio una charla muy hermosa, muy significativa que aún recuerdo. Me dijo que el camino de un escritor era muy duro, muy difícil, “veinte veces te dirán que no, pero a la veintiuna te dirán que sí”. Ese cuento se perdió, pero más tarde lo reescribí y es el que está en el libro “Cuentos de Navidad” con el título de “La ilusión de la Navidad”. Desde entonces, tomé las letras como una de mis metas vitales. No obstante, como te dije, hay que internalizarlo. En el año 1996, yo estaba desempleado, pero andaba de gira con algunos familiares que nos visitaron del exterior y nos agarró la noche en Maturín. Nos quedamos en un hotel y al llenar la ficha, escribiendo los datos, preguntaban: “oficio que desempeña” y yo no estaba desempeñando ninguno en ese momento, y respondí: “escritor”. En ese momento fue cuando internalicé que yo era un escritor, a pesar de que ya tenía un buen camino recorrido. Tenía entonces 39 años.

 ¿Cuál estimas que es el mejor premio para un escritor?

-Que la gente lo lea; y no solamente que lo lean, sino que recuerden lo leído, que les quede algo de esa lectura. Hay muchos escritores que uno lee, y después ni siquiera te acuerdas de que los leíste alguna vez. Pero hay otros que los lees una vez y nunca los olvidas.

En tu larga lista de escritores leídos, ¿a quiénes tienes como favoritos?

-¡Hum! Pregunta difícil de responder. Si tengo que decir uno solo: Hermann Hesse. Pero son muchos, muchos, escritores, poetas, ensayistas, cuentistas. Te podría nombrar cincuenta, empezando por Bécquer, Darío, Gallegos, Víctor Hugo, Teresa de la Parra, John Steinbeck, Isaac Bashevis Singer, Hans Christian Andersen, Edmondo De Amicis, Charles Dickens, Julio Garmendia, Ramón Díaz Sánchez, Vicente Gerbasi, Gabriela Mistral, José Eustasio Rivera, Walt Whitman, Constantin Kavafys, Thomas Mann, Arturo Uslar Pietri, Juan Liscano, Mario Vargas Llosa, Thomas Stearns Eliot, Maurice Maeterlink, Erich Fromm, Umberto Eco, Johanna Spyri, Jack London, Ernest Hemingway, Richard Bach, Paulo Coelho y la lista sigue.

¿Qué opinión te merece la literatura venezolana?

-Es una de las más desarrolladas del continente, con grandes exponentes que han logrado trascender más allá de nuestras fronteras dejando muy en alto el nombre de nuestro país. Ha habido momentos estelares y características propias de nuestra literatura, que no se consiguen en ninguna otra parte. Desde Andrés Bello para acá, hemos venido reclamando una literatura propia; esto se aprecia grandemente en “Peonía”, de Manuel Vicente Romero García; hemos pasado por diferentes estadios, posromanticismo, modernismo, hasta llegar a las cumbres del criollismo en la figura de Rómulo Gallegos; la novela histórica ha alcanzado un punto elevado con Arturo Uslar Pietri; estamos en una nueva fase, donde destaca la literatura urbana, pues la población venezolana es mayoritariamente citadina.

 ¿Y lo que están escribiendo los jóvenes poetas nacidos de 1980 para acá?

-Me gusta mucho más que lo anterior, porque se ha vuelto un poco hacia el misticismo, lo esotérico, la fe, la esperanza. Ya se ha dejado de lado esa literatura bajofondista y socialistoide, donde lo que importaba era la vida marginal, tomándola como única realidad y buscando siempre un culpable fuera de uno mismo, para justificar la propia tragedia. Se está mirando hacia nuevos horizontes, menos derrotistas. De los recientes, destacan Rafael Arráiz Lucca, Alberto Barrera Tyszka, Federico Vega, Juan Carlos Santaella, Laura Antillano, Ana Teresa Torres, Milagros Mata Gil, Juan Carlos Méndez Guédez, Juan Rivas Pulido, Carlos San Diego, Jacqueline Goldberg, María Antonieta Flores, Miguel Mendoza Barreto, Milton Quero, entre otros.

¿Cuál es tu mayor meta en cuanto a literatura? Como escritor ¿tienes una meta cumbre? ¿Adónde aspiras a llegar?

-Quiero seguir escribiendo y expresar todo lo que llevo por dentro. Tal vez continuar haciendo literatura con una voz propia, sin mayores influencias que aquellas que llevamos implícitas en nuestra cultura. Los venezolanos tenemos una identidad propia, no nos parecemos a nadie. Hemos llenado un tipo y una tipología auténticos. Caracterizarnos como somos es importante. En todo caso, destacar cuánto ha crecido la provincia venezolana en lo que a literatura se refiere. Una meta intrínseca, secreta si se quiere, era ver a El Tigre y la mesa de Guanipa toda en la cumbre de las letras venezolanas e incluso más allá. En muchos países existe una ciudad de provincia que destaca a veces incluso más que la capital; están Puebla, en México; Sevilla, en España; Córdova, en Argentina; Cracovia, en Polonia, todas con una larga tradición cultural.

 ¿Qué opinión te merece eso de que “El Tigre es la capital literaria del Oriente venezolano”?

-Esta pregunta se concatena con la anterior. Eso me tiene muy contento, muy emocionado. Creo que hace rato que estamos haciendo literatura y cultura en el más amplio sentido de la palabra, pero tienen que suceder hechos contundentes para que nos demos cuenta de que eso es verdad. Esto significa que podemos hacer grandes cosas, aun viviendo acá mismo. Hay toda una nueva generación que, sin desdeñar a los viejos, ha producido obras de relieve; ya no solo es el cuento, el relato, la crónica y la poesía; se están produciendo novelas, ensayos y crítica literaria, así como obras de pensamiento que marcan otros derroteros como la educación y la filosofía. Hay toda una nueva generación de escritores jóvenes, entre quienes destacan Leonardo León, Stívaly Maestre, Mariela Ramírez, Leonardo Alfonzo, Rosario González, Zabny Carreño, Daniel Marín, Jorge España, René Acosta, incluso don José Miguel Fernández, quien dejó toda una obra casi inédita, aparte de su novela publicada “España en llamas”. Ellos se unen a las viejas generaciones, entre quienes estamos tú y yo.

Eres escritor y docente en varios géneros, ¿qué les sugieres a las nuevas generaciones?

-Primero que nada, que pongan sobre una balanza qué lugar ocupa la literatura en sus vidas. Luego, que crean en lo que hacen, que no desmayen, que tengan confianza y fe en sí mismos. Que se preparen y dominen el lenguaje. Finalmente, que sean auténticos, espontáneos y nobles en el momento de escribir sin dejarse llevar por influencias externas. Que sean ellos mismos.

¿Qué es lo más reciente que has escrito? ¿Qué te quita el sueño actualmente?

-Ahorita estoy escribiendo mi tercer poemario, el cual he titulado tentativamente “Sueños de un hortelano” (título no sé si definitivo). Hace dos semanas di por terminado mi segundo poemario titulado “Poemas de un otoño tropical”, el cual está casi listo para publicar, algunos de cuyos poemas he leído en público o publicado por las redes. Estoy escribiendo la que sería mi cuarta novela y un libro sobre Semántica, el cual ya tengo bastante avanzado. En cuanto a qué me quita el sueño; a veces me da mucha impotencia el no poder resolver los problemas de la vida diaria, problemas simples que en otro país o lugar no son problemas. Pero en realidad, lo que me quita el sueño es dormir, ja ja ja.

¿Qué es lo último que hasta ahora has publicado?

-Las dos novelas salidas este año, “La sonrisa de la sirena” y “Cuando éramos felices”, de Editorial Pragmatika, en Chile.

¿Cómo te sientes con la migración de las publicaciones de lo impreso a lo digital?

-Vivimos una nueva era. Las personas de mi generación pertenecemos a un estado de transición. Yo he trabajado con computadores desde 1984, pero recientemente es cuando he venido a asimilar que la tecnología, las redes sociales, las telecomunicaciones, son parte de esa era digital. Sin embargo, siempre me resulta grato tener un libro en físico en mis manos, que no depende de si se va la luz o de si la señal llega a mi computador. Por ejemplo, mis dos novelas no las he podido ver impresas; todo ha sido virtual. Pero debo reconocer que las satisfacciones han sido muchas e inmensas. Es algo que hay que vivirlo. Para concretar, me siento en estado de hibridación.

Muchos escritores han tomado partido en la política, ¿es tu caso?

-Hace tiempo, mucho tiempo que me vienen preocupando los problemas del país. Me acerqué antes a algunos movimientos políticos y no pasé de ser simpatizante. Desde hace dos años, por invitación de mi buen amigo Miguel Guzmán, me acerqué al grupo político que lidera María Corina Machado, en su sede en San José de Guanipa. Quería hacer algo por superar los tantos problemas que nos acosan diariamente; allí he tenido la oportunidad de actuar como lo que soy, profesor, y soy coordinador de formación. Es algo que va de acuerdo con mi vocación. Ahora, todos tenemos actuación política; la gente que piensa que no es así, les recuerdo una cita de Luis Manuel Urbaneja Achelpohl, en su novela “En este país”, donde dice: “los venezolanos no entendemos que hasta el vaso de agua que tengo en mi mesa está afectado por la política”. Eso es verdad. Tú puedes no interesarte en la política, pero la política igualmente te va a afectar quieras o no. Ahora, que el ser escritor te lleve a la política, bien, se han dado casos en Venezuela, como los de Andrés Eloy Blanco, Rómulo Gallegos, Arturo Uslar Pietri, entre los más conocidos. Es simplemente una vía.

Si antes éramos felices, ¿ahora cómo estamos?

-Siempre ha habido problemas; lo que no terminamos de entender es que un líder, un presidente, no nos va a solucionar la vida a todos y cada uno de nosotros; la solución la tenemos todos. Un presidente es un gestor, pero no un Dios ni un padre; tampoco es nuestro benefactor. Elegimos un presidente para que administre y cuide el país. A nosotros nos corresponde trabajar y producir el bienestar de las personas que dependen de nosotros. Antes teníamos mayor amplitud en muchas cosas. Podías viajar sin restricciones. Tú te querías ir del país, eso era una decisión libre y personal. Si querías ingresar a una universidad o no, igual. Eso de que “yo no estudié porque no me dieron la oportunidad” es una simple excusa. Antes éramos felices en el sentido de que, con nuestro sueldo, poco o mucho, podíamos ir a un mercado o a una bodega y comprar comida. Ahora, el sueldo mínimo no alcanza para dos productos (en estos momentos), porque ha habido momentos en que no alcanzaba ni para un producto. Si tú tienes la nevera vacía o la despensa, eso te produce infelicidad. Si tú, al abrir tu nevera consigues no solo la comida, sino aditivos como dulces, salsas, etc., eso te produce bienestar. En Venezuela se ha aplicado la máxima de Carlos Marx, quien decía en una carta que le escribió a su amigo Federico Engels: “a los pueblos se les domina por la boca”. Eso es lo que se ha aplicado en Venezuela. Así no podemos ser felices.

Fotos: Cortesía.

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