Sobre el fallecimiento de Pedro Cabrera conocido como “Bacay”

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Rafael Castro Pino

Aunque resulte así como incomprensible, de los veinticinco mil setecientos noventa y cinco días aproximados que tuve conociendo a “Bacay” con vida, creo que no conversamos más de ciento cincuenta veces. Ello debido a los largos períodos que yo paso fuera de mi querido poblado San Diego de Cabrutica.

No obstante esos efímeros encuentros me bastaron para saber que Pedro Cabrera fue un hombre honesto, trabajador, solidario y dicharachero. Jamás lo vi ni supe que estuvo enojado. Enfrentó las adversidades con estoicismo y paciencia. Fue un ciudadano de inquebrantable fe en el catolicismo.

El gran poder de Dios lo necesitó en otro espacio, pero no lo quiso solo; unas horas antes el Todopoderoso cobijó al buen hijo en su regazo.

Ya no te veremos físicamente, pero cada calle, en muchos caminos, los conucos, en las casas “blanqueadas” en la víspera de las fiestas patronales, en el repicar de las campanas, en las procesiones, lumbres y misas, cada quien te sentirá a su manera.

No sé si “Bacay” es San Diego o San Diego es “Bacay”. San Diego no perdió a “Bacay”, sino que lo reafirma como parte de su patrimonio.

San Juan de los Morros, abril de 2021