Mi pequeño país… / ¡Con el corazón destrozado!

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JAVIER ARANAGA

Qué tristeza la que encuentro cada día, a mi paso por nuestra ciudad, en la que la gente se acerca para preguntar si se de alguna noticia que pueda cambiar nuestros ánimos y hacer crecer las esperanzas de una Venezuela distinta; una Venezuela en la que todos volvamos a ser seres justos, trabajadores, seguidores de Dios en sus distintas creencias y sobre todo orgullosos de haber sido paridos en esta hermosa tierra… Se han olvidado estos valores, con la pérdida de tres generaciones que solo conocen el oprobio y el abandono por parte de un gobierno ilegítimo o no; pero también por una oposición acomodaticia y pasiva que también ha caído en el letargo y el abandono…

   Son horas de reflexión, en este sentido y cada vez me convenzo más de que somos nosotros, los ciudadanos, quienes debemos actuar por el logro de nuestros sueños y nuestras necesidades reales… ¡SEÑOR JAVIER, DÍGAME ALGO ALENTADOR Y QUE ME RECOMPONGA EL CORAZON!…  no he tenido otra salida que la de preguntar, una y otra vez, ¿Qué estás haciendo para cambiar ese sentimiento de derrota y abandono?… En la generalidad de los casos contestan ¡ESPERANDO!… ¿Esperando a que?… ¿Hasta cuándo esperamos que otro haga nuestras tareas, que nos lleven un mendrugo de pan a nuestra casa?… ¡No me des el pescado; enséñame a pescar!…

  Aunque no escapamos a nuestras penurias particulares, que también nos arrugan el corazón; no deja de ser cierto que quienes aún tenemos un dejo de sensibilidad social, nos afecta de manera especial y así sumamos peso a ese corazón golpeado; a esa mente agotada, a ese cuerpo desgastado… Cargamos nuestras culpas y la impotencia de no poder resolver los problemas de nuestra gente; también comienza a pesarnos… La gente perdió la moral y con ella la voluntad de esforzarse por sí misma para lograr salir del marasmo en que se nos ha sumergido… Hogares destrozados, familias abandonadas, muertes continuas por enfermedades, por hambre, por falta de fortaleza mental y espiritual y algunos que buscan en otras fuentes, el conocimiento para buscar una salida y lo que consiguen es obstruir su capacidad de raciocinio… Unos jóvenes que al no encontrar la salida que afanosamente buscaban, en forma equivocada, optan por quitarse la vida, por la cobardía de seguir en la lucha… Dios nos ama poderosamente y no nos abandona, pero le exigimos que resuelva nuestros problemas, sin aportar nuestra cuota parte…  Ver una niña de 15 años, atropellada por un desgraciado irresponsable y abandonada a su suerte; ver abogados médicos y jueces “comprados” por el hambre al dinero, que se olvidaron de ella; ver una madre desesperado que casi en la mendicidad busca afanosamente ayudar a su retoño y ver una comunidad impávida y olvidadiza de nuestras penurias… ¿Cómo no tener el corazón destrozado ante tanta ignominia?…

  De allí mi constante lucha por hacer despertar a nuestra gente, a nuestra ciudadanía, para que con los pies en la tierra y todos juntos, logremos el fin último, que no es otro que cambiar el irremediable destino al que se pretende conducirnos… Me niego a morir de rodillas ante el oprobio… me niego a que se me recuerde como un hombre de brazos cruzados… me niego al reclamo de mis nietos, al preguntarme que pude hacer por ellos y por Venezuela… me duele verme a mí mismo al espejo y recriminarme que debo seguir, sin cansancio, al servicio de los demás… Ojalá muchos pensásemos así…