Freddy Arévalo retoña en medio del llano y dice “ya viene lo mío”

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Perseverancia como el “rover” de la Nasa que en estos días amartizó en el planeta Marte, es uno de los tantos valores que acuñan la vida de Freddy Arévalo. Sí, así como acuña y fortalece la horqueta el estante esquinero de la empalizada para que el tiempo no lo derribe y sea punto cardinal en el cumplimiento de su misión. Es la fortaleza misma.

30 años después de haber llegado al mundo del disco celebra este hijo del estado Anzoátegui. Nació el 21 de abril de 1964 en el caserío Apamate, jurisdicción del municipio Mc Gregor. Es uno de los primeros retoños de los 14 que  en el jardín de su casa de barro, paja, tellas y techo de palma, cultivó el amor de sus viejos Pastora Medina y Pablo Arévalo, ya fallecidos.  Unión de lazo antiguo.

Desde niño, junto a hermano Iván Arévalo, despertó la pasión por la música llanera. Su primera faena en público fue en 1980, en el festival Voz Liceísta en la ciudad de Anaco.  Siete años más tarde se fue a Caracas. Se fue detrás de la inquietud de construir la oportunidad para hacer realidad su sueño de infancia: ser cantante. La ilusión pule la aventura.

La primera oportunidad

Después de casi cuatro años trabajando en distintos locales caraqueños que presentaban espectáculos de música llanera, en 1991 Reynaldo Armas y su hermana, Margot Armas le presentan a Freddy Arévalo, la oportunidad de grabar una primera producción discográfica con el respaldo del sello Armar Producciones, acompañado del conjunto del maestro Gustavo Sánchez en el arpa, Gilberto Romero en el bajo, Aquilino Díaz “Mandarina” en las maracas y Jesús Rodríguez en el cuatro. Sánchez, Romero y “Mandarina” ya expiraron. Leyendas de llano adentro.  

Ese disco se titula “La nueva voz del llano”. Fue un trabajo bien madurado. No hubo improvisaciones ni desperdicios. “Si te caes” de Luis Alberto Paruta fue su primer gran éxito. De allí también destacaron las canciones “Celos del viento” de Diógenes Pérez y “Soy tradicionalista” de Luis Aguilar. El disco en sí ya es una reliquia.

Noble causa

Dos años más tarde presentó su segundo material discográfico: “Viejo mendigo”, también con Armar Producciones. De nuevo grabó con Gustavo Sánchez en el arpa, Ramón Mota en el cuatro, Ernesto Laya en las maracas y Ángel Díaz en el bajo. “Ojitos de brujería” de Luis Sarmiento, “Arroyito del dulce amor” de Tomás Torres Molina y “Flor paradisíaca” de Reynaldo Armas, siguieron en movimiento su desfile de éxitos. Incluyó un poco la temática del despelucamiento urbano y social bajo la armonía del llano. Mucha cautela en cada paso.

Giras por todo el país y visitas a los llanos de Colombia, presentaciones en distintos eventos, en radio y televisión y hasta ruedas de prensa, le dicen que el sueño que salió a buscar el día que le puso la vista a la carretera y dejó atrás el campo Apamate, lo estaba logrando. Se sentía complacido, pero seguía adelante. No deja colgar telarañas.

La pluma en las manos

Seguía adelante. Después de los 30 años de edad, vivió una nueva experiencia como artista: comenzó a escribir y a componer algunas canciones. Así que en su siguiente disco “Abriendo puertas”, que salió en el 2000, de nuevo con Armar Producciones,  incluyó entre los títulos una composición que está escrita en conjunto con Osmar Armas. El nombre es “Por una mirada tuya”. Entreverao de versos.

 Grabó con la agrupación La Maquinaria del arpista José Archila, junto a Ramón Mota en el cuatro, Ernesto Laya en las maracas y Gailabi Jiménez en el bajo. El trabajo fue hecho en los estudios OHM con el legendario Alejandro López como ingeniero de sonido. De ello, el mismo Freddy Arévalo cuenta una anécdota. El caso es que después de grabar, algo extraño ocurrió en el estudio y el material se perdió antes de ser matrizado. Hubo que grabar de nuevo, pero para suerte de él y de los demás artistas, asegura que en la segunda ocasión, quedó mejor. Después de un mal,  llega el bien. 

Y como quedó mejor, una vez que fue lanzado, rápido comenzó a sonar por todas partes el pasaje “El hijo del coleador” de Ernesto Pérez,  “Tiempos de ayer” de Ramón Villarreal  y “Eso tenía que pasar” de Reynaldo Armas. Solidez profesional.

Sin muchos apuros

En total, ya suman seis las producciones discográficas de Freddy Arévalo. Para celebrar sus 30 años de trayectoria, presenta su nuevo álbum musical “Ya viene lo mío”, que se afinca en el título de una de las canciones que lo conforman, un joropo en ritmo de guacharaca con letra de Blas Ruiz, quien es uno de los autores más solicitados en estos momentos. La humildad hecha poesía.

Desde finales de 2020 ha venido trabajando esta reciente carta. La promoción, prácticamente es universal, gracias a los medios tecnológicos hoy disponibles y la gran cantidad de venezolanos que han emigrado por el mundo, llevando en su corazón el sentimiento de la música llanera. Sin embargo, se ha hecho hincapié de manera más directa en todo el país y en los llanos de Colombia y un poco menos, pero con igual énfasis, en países de la región: Argentina, Ecuador y Perú. También ha recibido el apoyo en Estados Unidos y en España, donde hay quienes mantienen a través de la radio por las redes sociales, espacios dedicados a la divulgación del joropo y el pasaje. De aquí mismito y de lejos.

Este disco lo grabó con el maestro Argenis “Cachete” Zerpa en el arpa, Yosmar Cabrera en el cuatro, Yorbis Soler en las maracas y Adelmar Paz en el bajo. Paz, igualmente estuvo a cargo de la ingeniería de sonido, en sus estudios Llano Record, en Tocuyito, estado Carabobo. Un “capture” sonoro perfecto.

La ceremonia del regreso

Antes de la celebración del carnaval, de esta producción discográfica Arévalo ya había desprendido un segundo promocional. Se trata de un hermoso pasaje titulado “Por tu regreso” de Andrés Pulido, otro los compositores insignias del llano. Con la mosca despierta.

La contraseña de la experiencia

El tiempo ha pasado. Aquel sueño de infancia Arévalo lo ha cumplido. Ahora, después de 30 años de “La nueva voz del llano”, y en medio de pandemia, sabe que la existencia se edifica de la misma forma que se componen las canciones. Esas que nacen de un sueño tras otro sueño; de una meta tras otra meta, sin perder la perspectiva de que el paso siguiente debe tener un nivel más elevado que el que se deja atrás. Así mismo se aprende del viejo esquinero de alcornoque que sostiene la empalizada de la vida; ese tronco fuerte que abrazado a la grapa, sea verano, sea invierno, permanece inquebrantable, y en vez de comejenearse, más bien retoña, retoña igualito a la fe. Por eso, nunca es tarde para decir hoy, mañana y pasado mañana: ya viene lo mío.

Carlos San Diego