América de Ron Padilla: Una eterna sonrisa

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Antonio José Pérez Luna

(En la década de 1990, el reconocido profesor José Antonio Pérez Luna, ya fallecido, realizó una serie de conversaciones con personas de larga residencia en El Tigre. Estas conversaciones las publicó bajo el nombre de “Tertulias” en el diario “Antorcha”, trabajo que luego le valió su designación como cronista del municipio Simón Rodríguez, designación que ostentó hasta el día de su muerte. Su hija, Diana Pérez, de manera voluntaria, facilitó los recortes de prensa de estas publicaciones con el fin de refrescar un poco los aportes a la historia de esta joven ciudad de El Tigre, ahora en la era de las ediciones digitales. En su momento, cada “Tertulia” salió con la ilustración de una caricatura del rostro del entrevistado, realizada por el artista plástico Saúl Alcalá.  A partir de hoy, cada miércoles Primiciasuno.com  entregará a los lectores una de estas conversaciones, acompañada, por supuesto, de la caricatura correspondiente, las cuales fueron reproducidas por el fotógrafo Antonio Hernández).

América Bajares Pérez de Ron Padilla, nació en la ciudad de Barcelona, capital del Estado Anzoátegui, el 20 de abril de 1920. Hija de Julián Bajares, un inmigrante nacido en Líbano, Estado del Oriente Medio y criado en Francia y de Eustacia Pérez de Bajares, unión matrimonial que fomenta una honorable familia formada por diez hijos: Ramón Celestino, Hortensia, Julián, Darío, Wadith, Rosina, María Victoria, Francia, América, Rigoberto e Iris Bajares Pérez.

Dueña de una recia personalidad, doña América luce una excelente formación de hogar, que manifiesta de inmediato el refinado gusto por la belleza y el apego al recto proceder, cualidades enmarcadas dentro de los esquemas morales y conservadores, de la obligatoria educación doméstica, encerrada en las normas de las buenas costumbres, los buenos principios, la cortesía y el respeto; características fundamentales en la organización  y orientación de la familia barcelonesa de entonces.

La educación primaria la realiza en la ciudad natal y en 1928 ingresa como alumna interna al colegio San José de Tarbes, regresando posteriormente el colegio religioso de La Consolación, donde alcanza la rigurosa disciplina de una educación y formación  integral, que comprendía modales, urbanidad, educación personal, trato y respeto hacia las personas  y la refinada enseñanza de principios religiosos y sensibilidad familiar.

El 8 de abril de 1939 contrae matrimonio con José Ramón Ron Padilla, un llanero nacido y criado en Zaraza, y quien ya estaba residenciado en El Tigre, desde 1937, iniciando desde entonces y al lado de los pioneros del reventón petrolero, el paciente proceso de organizar institucionalmente a la naciente ciudad.

América Bajares de Ron Padilla, llega a El Tigre el 20 de abril de 1939, desde entonces ha visto transcurrir 51 años, al lado de este pujante pueblo, de cuiya historia ella es personaje viviente y testigo fiel, de las proezas encerradas en los linderos de Guanipa. De su unión matrimonial nacieron cuatro hijos: José Ramón, María Cristina, Carelia Tibisay y América Ron Bajares. Frente a ella, la luz eterna  del recordado compañero, amigo y esposo que dejó sembrado en su sensible espiritualidad, el recuerdo de toda una vida de luchas y de toda una obra, que ahora con mucha  modestia y sencillez, nos relata cuando habla de él.

“José Ramón fue fundador de muchas cosas importantes  para el desarrollo de El Tigre, su seriedad habitual, lo hacía un personaje controversial, pero era buen amigo y muy afable. A él le debemos la fundación de la Cámara de Comercio, la Logia Estrella de Guanipa, de la cual fue Venerable Maestro; el Banco Agrícola y Pecuario, la Oficina de la Inspectoría del Trabajo, el Colegio “Divino Maestro”, Tigasco, en compañía de Baltazar Gimón Ron; el Banco de Fomento  Regional de Oriente y el Rotary Club de El Tigre, del cual fue Presidente”.

Doña América enmudece de pronto y deja escapar dos lágrimas y en el silencio de su mirada triste, el recuerdo de aquellos días cobran vida, con la exaltación de este sentimiento que hace que el poeta Helí Colombani, cuando lo expresa como una oración hecha prosa:

Sin medida y sin prisa pasa el tiempo

desde los corredores de la casa.

Una pausa lineal va dibujando

un horizonte que llega hasta los párpados,

y horada y profundiza las pupilas.

La quietud paralela se desliza

como una sombra tenue y alargada:

que siguiera de cerca por los rastros .

Sin medida la mente. Pasajera (…)

Próxima a cumplir 70 años, hela allí, dinámica, resistente al tiempo, cual gigantesco roble; digna heredera de los antepasados héroes de la Casa Fuerte; pilar fundamental en la nueva estructura familiar, ejemplo de dignidad, honradez y trabajo. Su larga permanencia en esta tierra, la identifican en la esencia misma de sus sentimientos, con el palpitar del pueblo, de sus angustias, anhelos, triunfos y fracasos. Por eso, esta honorable matrona, forma parte del continuo devenir histórico de El Tigre.

El Tigre, marzo de 1990.

(Diario “Antorcha”).