Como nos alimentaremos. Entendiendo la Sindemia de 2020

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MARIANELLA HERRERA CUENCA

Cuando yo estaba pequeña, recuerdo a mis padres hablando impresionados, bueno más que impresionados en shock, de una película: Soylent Green, “Cuando el destino nos alcance” en español. En esa película, para el año 2022, que está literalmente a la vuelta de la esquina, se describía una situación dramática, donde en la ciudad de Nueva York, una élite controlaba los alimentos naturales, frutas, verduras, proteínas; se rodeaba de lujos y privilegios, mientras que una sociedad agobiada por la contaminación, el cambio climático, la industrialización desmedida de la producción de alimentos, debía enfrentar su alimentación a través de unas capsulas (soylent green) y el abastecimiento de agua y servicios de manera muy precaria.

¡Caramba! Como suena conocido este panorama de ¿ficción? ¿O es que la realidad supera a la ficción anticipadamente? Cuando escuché el termino sindemia por primera vez, no entendía yo que se trataba de la coexistencia de varias epidemias al mismo tiempo y es que si, actualmente vemos como coexisten varias epidemias al mismo tiempo: desnutrición, obesidad, cambio climático, malaria, dengue y ni hablar de covid-19 la pandemia del 2020. En esta suerte de todas las anteriores, el camino no luce fácil, la toma de decisiones luce totalmente injusta para las familias, me alimento o me contamino, y al final el viacrucis para alimentarnos ahora parece no ser solo local, sino global.

Pero es que al adentrarnos en el tema de cómo vamos a alimentarnos de ahora en adelante, los factores confluyen y llegan al cambio climático: el ecosistema se ha dañado, la agricultura se ha vuelto frágil ante los desastres naturales y las sequias que aparecen ahora de manera cíclica, el ganado con sus emisiones de gases y el aire contaminado que tiene tiempo apareciendo desde aquella revolución industrial hace ya más de un siglo.

Entender entonces que tenemos no solo un mundo en peligro, sino a la humanidad en peligro de no poder alimentarse, cuando en realizad nunca se ha resuelto el problema del hambre, resulta sencillamente aterrador y contradictorio; y dentro de las propuestas una que toma mucha fuerza es la de minimizar el cambio climático a través de las dietas llamadas sostenibles, con más componentes vegetales, diversificando los nutrientes, con cultivos sustentables, eliminando o disminuyendo el consumo de carnes derivadas de ganado comercial.

Pero más allá que estos nobles intentos que nos llevarían a un mundo idealmente “comeflor”, hay que llegarle a este problema desde una perspectiva multidisciplinaria y trans-sectorial. Los diferentes factores que han influido para deteriorar el ambiente, realmente van desde los elementos contaminantes industriales, pasando por los años donde el humo de los carros y otros artefactos han hecho de las suyas, las emisiones de gases, las grandes extensiones de monocultivos, la perdida de muchas de las especies de fauna y flora, y una gran lista adicional. Si esto es así, es demasiado simplista pensar que un solo factor es el causante y que un solo factor será la solución.

Como siempre la interacción de los múltiples factores impone que pensemos de una manera más holística y realista. Pensar en un mundo completamente vegetariano, donde los animales pululen por todas partes, cada persona cultive en su casa lo que come, sin industrias y con todo orgánico, para que el planeta funcione, y cada familia pueda alimentarse, resulta fantasioso de alguna manera.

Ciertamente, hay que repensar la manera como comemos, como nos desplazamos y como trabajamos. Para muestra el cambio en el estilo de vida que llego con la pandemia del covid-19 y los elementos que quedaran para cuando esto pase. Nadie quiere llegar al momento de “Cuando el destino nos alcance” pero hay que ver las cosas con realismo, últimamente he encontrado unas cuantas personas que me comentan: yo tengo el huerto en mi casa, pero termino siempre en el automercado. Tengo a mi mama obesa, pero mi hijo esta desnutrido, tenemos el covid-19, pero a mí me dio dengue. Muestras de la sindemia en pocas palabras.

Si, para alimentarnos adecuadamente vamos a tener que entrar en una consciencia, digamos transicional que se adapte a los nuevos lineamientos, que se disponga a entender los nuevos equilibrios donde tendríamos que reeducarnos porque no podemos depender de un vehículo automotor, o de un dispositivo tecnológico (ergo el celular), o de las soluciones cotidianas como la comida rápida para siempre. La búsqueda del equilibrio se impone.

Más allá del tiempo, que se acaba y nos transforma, tendríamos que abrazar el cambio con la alegría de quien comprende que una nueva fase ha llegado: el momento de comer menos carne, pero de comer más frutas y vegetales, de tener algunos frutos en nuestro jardín, y fortalecer los mercados de alimentos, el transporte amigable y la industria consciente.

Solo así, desde la mirada interdisciplinaria y transectorial, podremos adentrarnos en el verdadero cambio, realista, aterrizado, la Tierra como el planeta que sufre y que nos vio nacer.

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