La “chavización” de nuestra sociedad

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CAROLINA JAIMES BRANGER

Un reciente artículo publicado por la periodista Milagros Socorro da cuenta del hostigamiento al que fue sometida en las redes la locutora Erika de la Vega, sólo por manifestar sus simpatías hacia Joe Biden, candidato demócrata a las elecciones de Estados Unidos.

Aun teniendo en cuenta que las redes no son el país, preocupa la “chavización” de parte de la población activa en éstas: al igual que hacía Chávez, quienes pensaban distinto a él no eran sus adversarios, sino sus enemigos, y al enemigo había que humillarlo, aplastarlo y destruirlo como fuera.

Entonces desaparece la argumentación y aparecen los insultos, las descalificaciones, hasta las amenazas. Un fenómeno que se ha estudiado muchísimo, pero al que hay que seguirle prestando atención, porque no hemos cambiado nada. Al fanatizarse un grupo, actúa de manera irracional, con la misma irracionalidad del grupo al que adversa, pero sin verse retratado en ese espejo. Pasa con diferencias políticas, culturales y religiosas.

Lo invito a que busque un tema polémico en Twitter y lea las respuestas: más del 90% son insultos, ya no hay argumentación.

Un libro del año 1951, del filósofo estadounidense Eric Hoffer, “The true believer” (“El fanático”), con reimpresiones hasta el año 2002, estudia las actuaciones de los movimientos de masas que se fanatizan. Explica, por ejemplo, cómo el pueblo más culto del mundo para su época, el alemán, pudo irse ciegamente detrás de un demente como Hitler y hacerse cómplice del genocidio que éste promovió.

Hoffer hace énfasis en que, por lo general, los movimientos de masas fanáticas comienzan con un generalizado deseo de cambio. Cito de su libro: “Al sentir que sus vidas están ‘irremediablemente estropeadas’ y al creer que no hay esperanza de progreso o satisfacción como individuo, los verdaderos creyentes buscan la ‘abnegación’. Por lo tanto, esas personas están maduras para participar en un movimiento que ofrece la opción de subsumir sus vidas individuales en un colectivo más amplio. Los líderes son vitales en el crecimiento de un movimiento de masas, pero para que el líder tenga éxito, las semillas del movimiento de masas ya deben existir en los corazones de las personas”.

Hoffer también explica que los fanáticos, una vez establecidos como tales, pueden brincar de un extremo a otro y seguir tan fanáticos, ahora denostando del lugar de donde venían. En la historia lo hemos visto ene cantidad de veces: Saulo de Tarso perseguía y mataba cristianos, hasta que una revelación lo convirtió en Pablo, el San Pablo de la Iglesia Católica, que fue tan fanático como creyente que como persecutor.

Aquí hemos visto chavistas furibundos que al pelearse con Chávez (o ahora con el madurismo) pasan al otro lado siendo más furibundos contrarios que quienes siempre lo fueron. Igualmente, los ahora denominados “alacranes”, que pasaron de la oposición al chavismo parecen más chavistas que el propio Chávez.

Adonde quiero llegar es a la irracionalidad del fanatismo y, de ser posible, que quienes así actúan respiren profundamente y se pregunten si no están actuando de la mismísima manera que como actúan a quienes adversan con tanta pasión. Sé que es una tarea casi imposible, pero hay que decirlo y volverlo a decir.

Hoy en día, mujeres que en las campañas electorales se ponían hasta velos de novia y le gritaban a Henrique Capriles “¡aquí está la madre de tu hijo!”, ahora son unas locas furibundas que lo atacan sin piedad. Lo mismo sucede con Guaidó: de haber sido el héroe de las masas, ahora para muchos es peor que Maduro, que ya es bastante decir.

Salir de un régimen narcotraficante y terrorista, que no conoce de límites, que tiene como aliados a la escoria del mundo, no es tarea fácil. Sin embargo, este joven se lo ha echado al hombro y ha logrado el apoyo de las 60 democracias más sólidas del mundo. ¿Hay corruptos a su alrededor? ¡Los oportunistas siempre buscan dónde arrimarse! Pero eso no lo convierte a él en corrupto. No hay persona más odiada en el chavismo que Guaidó, pero dentro de la oposición, los “chavizados” lo odian más que los mismos chavistas.

Un país diferente no se puede construir sobre las bases de la descalificación, la calumnia y el odio. El fanatismo, como apunta el escritor español José Antonio Marina, es uno de los pilares de la estupidez. Por eso es necesario conocer la historia: para no repetir los fracasos. Todos los movimientos de fanáticos han terminado mal. Y ya en Venezuela lo hemos pagado demasiado caro… ¿vamos a seguir en eso?