Más de 16 días en las colas se calan transportistas de El Tigre “pescando” gasolina

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Pese a la incertidumbre de si llega o no combustible a las estaciones de servicios, los conductores esperan con una paciencia estoica, días tras día, la posibilidad de surtir 20 ó 30 litros a sus unidades

El Tigre.- Juegan a la incertidumbre. Todos los días se apuestan en el sitio con la esperanza que llegue la gasolina. Pero pasan los días, las semanas y nada que aparece el combustible. Sin embargo, la paciencia de los transportistas de El Tigre, estado Anzoátegui, parece la de monjes cenobitas. Siguen esperando que algún día sea y que ese día que llegue el combustible, corran con suerte y logren echar a sus automóviles algunos litros.

Las colas de los vehículos son inmensas. De lado y lado. Por aquí, por allá. En el caracol, en la curva, en la vuelta. Por todos los puntos hay carros apostados con alguna numerología de guía para tratar de regir con cierto orden a la hora del surtido. Sólo ellos mismos descifran el laberinto.

Las colas se forman desde las primeras horas del día. Unas para la gasolina especial vendida a precio de dólar; la subvencionada y la de los dueños de vehículos de servicio especial como el caso del personal de salud. Pero hasta ellos, que son servidores públicos atentos a las emergencias, pagan las consecuencias: No hay gasolina, deben esperar.

No se les apaga el motor de la esperanza

En un breve recorrido por las estaciones de servicios de la avenida Rotaria y Oasis II, se pudo observar las prolongadas colas para tratar ser beneficiados con el surtido de combustible, incluyendo diesel que en la estación Oasis II, antigua La Confianza, vendieron el martes hasta las 11:30 de la mañana. El bombero aseguró que se había terminado aunque había una cola de camiones que daba desde frente a la entrada de Campo Oficina.

Un grupo de conductores, ubicados a la entrada de la octava carrera bis del sector Pueblo Nuevo Sur, a pocos metros de la estación de servicios de la avenida Rotaria, quienes le echan a sus automotores gasolina subsidiada, uno de ellos, que se identificó como Edgardo Medina, dijo: Aquí venimos todos los días. Aquí pasamos todo el día “pescando” a que llegue alguna gandola con gasolina. Con el poquito que te queda, todos los días vas a tu casa y vienes, vas y vienes, vas y vienes; al fin, lo que echas de gasolina, la gastas en eso, de ir a la casa y venir otra vez a la cola; porque no dejan pernoctar; y como son más de dos semanas “pescando”, los 20 ó 30 litros que te permiten surtir, se te consumen en ese vaivén de tratar de surtir. Te pones a ver y es un juego sin sentido, pero así estamos en este país. Ya esto de las colas es como el puesto de los buhoneros en los mercados. Cada quien sabe el lugar que le toca y como ya tenemos tantos días en esto, nos conocemos y sociabilizamos entre nosotros”.

Tiempo perdido

Por su parte, Fátima Lugo, quien también estaba en la cola de la gasolina subsidiada, expresó: Uno aquí lo que hace es que se envejece y pierde el tiempo. Todos los días que paso aquí pudiera estar produciendo en otro lado. Pérdida de tiempo y al mismo tiempo desesperanza. Hoy te dicen que mañana llegará gasolina, mañana que pasado mañana y así van rodando los días y los rumores. Y después, si es que llega la gasolina, aparece ese bojote de guardias y policías y si tu carro está marcado con el puesto de 130, resulta que no es así, que quedas de 180, porque meten otros carros y que son de estricta “emergencia”. Así que conseguir gasolina en Venezuela, donde era la más barata del mundo, es un tormento que a nadie se lo deseo ni deseo tampoco que este sea el futuro de mis hijos y mis nietos.

“Esto no es vida”

“La pusieron en dólares y ni así la conseguimos. No hay manera de echar gasolina. Aquí junto a estos compañeros tengo 16 días seguidos esperando que llegue gasolina. No es mentira. Ahí están ellos que lo pueden decir. Cómo atiendo al campo, cómo atiendo a la familia, cómo atiendo a lo que me dedico que es trabajar con un camión, que hoy tiene 21 días parado por falta de gasolina. No he podido ir a ver los frutos sembrados en el campo ni los animales que tengo a allá. Ni produzco allá, ni produzco aquí con el camión ni le dedico tiempo a la familia. Esto no es vida, compa”, dice Julio César Heredia, quien se encontraba a la entrada de la estación de servicios Oasis II.

Es la realidad que viven día a día los conductores y propietarios de vehículos en el país con la mayor reserva de petróleo del mundo.

Carlos San Diego