Elegía por Alexis Moya

294
José Pérez

Decir la palabra Hermano, con mayúscula, es nombrar a Alexis Moya. El mismo Dr. Alexis Moya que socorrió a medio mundo, con afecto solidario, con una mística de trabajo incomparable, con una entrega de venezolano cabal, probo y muy profesional.

Decir la palabra Amigo, es extrañarlo en su cháchara amena, graciosa de menudo, ocurrente, presto a todo gesto de comunión, de compartir, de ayudar sin ambages, sin egoísmos, sin límites, porque la amistad se le ofrendó en vida como una virtud, a la par de su generosidad, su mesura, su don increíble de socorrer y aliviar los males ajenos de salud y pesar.

Decir compañero es nombrarlo en la unión, en la paz de su hogar, en su trabajo de médico incansable, que no descansaba para curar, para sanar, para recetar cosas hasta por teléfono, para tender su mano en todo momento, sin importar la hora o la indiscreción devenida de alguna urgencia doméstica familiar; porque su compañerismo trascendía toda rutina, toda impostura de oficio, todo capricho de las normas.

Decir ausencia no será posible, porque Alexis Moya es una guerrero de altos quilates tanto en el cielo como en la tierra, donde nos enseñó a batallar, a ser constantes, a no callar, a pelear por nuestros derechos humanos y civiles fundamentales, a quejarse para no conformarse ni ser avasallados; por orientarnos con su verbo crítico, su pensar de justicia e igualdad, por defender la libertad y el bien común de los ciudadanos de esta patria. Si en algún momento pensó irse a México, donde había estudiado cuando joven, prefirió quedarse en esta, su patria, como un venezolano más que no abandona el barco, pese a todas las agonías que nos flagelan en el día a día de la vida.

Decir dignidad y honestidad es nombrar al Dr. Alexis Moya. Su casa era un sitio de asistencia gratuita para los niños pobres que acudían con sus madres para alguna consulta, que con absoluta entrega cumplía, les ayudaba y hasta regalaba alguna medicina propia. Muy pocos médicos hacen esto en esta sociedad mercantilizada en sus bases primarias de salud, fundamentalmente para sacarle provecho a ese cuadro de miseria y descuido que corroe a los centros médicos públicos y gratuitos, donde todo es calamidad, carencia e ineficiencia. Alexis Moya trabajó para ese sector público a través del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, IVSS, y vivió esa realidad desde adentro. La padeció y confrontó. De ahí su alma generosa y comprensiva ante las tantas necesidades de los más desposeídos. Por todo ello, el cielo de Dios abre una gran puerta para recibirlo, para bendecirlo y para premiarlo con el amor eterno.

También nuestros corazones son de amor y agradecimiento para ti, querido hermano, querido padre, querido compañero. Para tus primeros hijos con la Dra. Cecilia Márquez, y para tu actual compañera Yesenia (mi ex alumna en la Universidad de Oriente) e hijas, mi palabra de aliento, de hondo pesar, pero no olvidemos el brillo de tu alto nombre, de tu gran hacer por la vida, tu entrega como nadie al servicio de ese matrimonio tuyo con la medicina, rama de la cual eras un sabio, un experto, un hombre notable. Ese ejemplo tuyo nos debe motivar y nos debe dar mayores fuerzas para resistir los embates de esta difícil circunstancia de país, de realidad y de vida en Venezuela.

Mi querido hermano Alexis Moya, te recuerdo desde allá, nuestra isla de Margarita de tantos sacrificios y recuerdos, en medio de playas luminosas como la esperanza y gentes sencillas como sus manos; y te recordaré siempre enterrado en esta Mesa de Guanipa de nuestras raíces, y de las raíces de nuestros hijos, porque aquí te hiciste parte de nuestras batallas, de nuestras sabanas y de nuestros vientos. Este sol abierto y este horizonte sin fin te invitan hoy hasta el más largo de los recorridos, pero prendados de tus manos y de tu voz te acompañaremos siempre por donde quiera que hayas dejado tus huellas, tus saberes y tus ejemplos. Rogamos a Dios por el descanso de tu alma. Te extrañaremos siempre, hermanito. Gracias por la vida, por la amistad, por tus servicios y por el amor que nos entregaste en todo momento.

El Tigre, 29 de julio de 2020