Las leyendas del llano preguntan por “el Pollo de Orichuna”

137

Carlos San Diego

Su humildad fue del tamaño de su capacidad para crear. Expresó al llano y al amor en la más amplia dimensión que lo puede hacer un poeta natural. Cuando la noche del  12 de junio de 2019, en el hospital Dr. Luis Razetti de Barinas, estado Barinas, dejó de respirar José Jiménez “El Pollo de Orichuna”, cerraba la página de su vida una de las glorias de la música llanera venezolana.  La humildad de un artista.

De contextura física de apariencia frágil, fue un permanente enamorado del llano y de las mujeres, aunque no vivió todo el tiempo en la tierra plana y tuvo todo el tiempo a una fémina de compañera; las circunstancias de artista y de la existencia misma, lo llevaron a asentar residencia en distintas localidades de Venezuela. Supo, al pelo, trasmitir la cultura y la manera de ser del llanero campesino, temeroso de los misterios, pero al mismo tiempo, arriesgado frente a las dificultades y con una fe inquebrantable, hasta el último momento que le dio la fuerza superior que rige los hilos del destino. Y en el amor por las mujeres, ni en los avatares terribles de salud que le plantó por varios años una insuficiencia renal que padeció y que lo llevó a recibir un trasplante de riñón en 2011, dejó de ser pollo que cantaba en un patio en el que caracaquearan gallinas. Llanero sin caballo, sin sombrero y sin mujer, y yo le agregaría, que sin nostalgia, no es llanero. De todo eso supo este apureño.

A los 12 caños

José Jiménez nació el 21 de abril de 1944 en la pequeña población de La Trinidad de Orichuna, municipio Rómulo Gallegos, en la parte alta  del estado Apure. Allá transcurrió su infancia y adolescencia entregadas al trabajo en hatos. Allí se nutrió para siempre de las tradiciones de lo que se puede llamar “llano adentro”. Al mismo tiempo, comenzó, desde los 12 años de edad, a mostrar su vocación por el canto. Lo primero que mostró fue sus facultades como contrapunteador, así como nacían antes, en la época de los pioneros, en la década de los años 60 y 70, los cantantes del llano, cuando aún a los contrapunteadores no se les denominaba con la palabra: copleros. Eso le valió su identidad artística de “el pollo” y el nombre de su población de origen como apellido. Tanto, que se le conoció más como “el pollo de Orichuna” que como José Jiménez, propiamente. Eres de donde naces, no de donde mueres.

Grata visita

En una oportunidad, gracias a la sempiterna hermandad que me une al poeta, escritor y profesor José Pérez, quien lo trajo a mi casa en la ciudad de El Tigre, logré hacerle una entrevista que aún permanece inédita, “El Pollo de Orichuna” (Orichuna, no Arichuna, en Arichuna nació fue el maestro José Romero Bello y es una parroquia del municipio San Fernando de Apure), nos relató bastante de lo que fue su trabajo creador y de su existencialidad misma. En esa ocasión regresaban a la isla de Margarita, donde él y el poeta Pérez residían, después de haber organizado y realizado un evento musical en la ciudad de Pariaguán para recogerle fondos económicos a Jiménez para el tratamiento de su afección renal, que le permitiera continuar su diálisis hasta la espera del trasplante de riñón, que finalmente se le hizo en el hospital Militar de Caracas y que dio varios años más de vida y lo devolvió a los escenarios y a los estudios de grabación de donde salió su última producción musical “El trasplante”, grabado unos seis años atrás. Silenciosamente trabajador.

Una de las confesiones que nos hizo en esa entrevista es que él suponía que la insuficiencia renal que padecía era producto que cuando vivía en Caracas, después de cumplir sus presentaciones artísticas, se iba en horas de la madrugada a degustar fritos de cochino hasta “hartarse” con amigos, en ventas de comida nocturna en los Valles del Tuy. Celebración y hábito que mantuvo por varios años.  Los gustos y los placeres a veces nos condenan.

Uno de los cabestreros

Se le puede considerar que forma parte de ese grupo de cantantes pioneros de la grabación discográfica de la música llanera auténtica, a mediados de los años 60, al lado de nombres como Ángel Custodio Loyola, Juan Vicente Torrealba, José Romero Bello, Francisco Montoya, Asdrúbal, Flores, Jesús Moreno, “Catire” Carpio, “el Carrao de Palmarito”, Antonio Barcey, Carlos González, Juanito Navarro, Melesio García, Marcelo Quinto, Valentín Carucí (músico y compositor),  Jesús Cravo, Manuel Bolaños, Nelson Morales, Magdalena Sánchez, Isabelita Aparicio, Luis Lozada “el Cubiro”, Pedro Emilio Sánchez, Juan Gallina, Braulio Palma, Mauro De Muches, Juan del Campo, José Alí Nieves, y con músicos como  “el  Indio” Figueredo, Omar Moreno,  Joseíto Romero y Cándido Herrera, Armando Guerrero, entre otros. Época ya clásica.

Los misterios del llano

Con José Alí Nieves grabó varios contrapunteos y tres de sus obras cumbres, las cuales realizó tomando como base las leyendas inmemoriales del llano: “Historia de la sayona”, “La leyenda de Juan Machete”, en la que un espanto azota los viejos hatos de Las Cañas Bravas, donde su dueño vendió su alma al diablo a cambio de tener riquezas, y su nieto regresa con la intención de  refundar; pero después de un día de duro trabajo se van a una parranda llanera y de regreso, el espanto asombra a todos en el sitio llamado La Mata del Muerto. La obra está inspirada en una narración oral sobre un hacendado y su familia del estado Táchira y Jiménez la traslada al llano. Igualmente grabaron “Federico y Mandinga”, en la que según el relato, Federico es hermano de Florentino y aunque en el contrapunteo o porfía, le ganó a Mandinga, éste al verse derrotado, le propinó una paliza que dejó a Federico paralítico para el resto de su vida. En cambio, “La sayona” es la mujer que víctima de un ataque de celos, asesina a su madre a cuchilladas y luego le prende candela a la casa con su hijo recién nacido adentro. “El Pollo de Orichuna” hizo otra leyenda “El ánima del espíritu bulón” que grabó, con otros copleros, entre ellos, el anzoatiguense Julio Bruces. Hizo varios discos de contrapunteos con diferentes cantantes.  Hoy día las leyendas del llano andan preguntando por él. Ya es una leyenda. Lo atraían los misterios.

Un gran trabajo

Grabó unos 64 discos entre longplay y CD. Según, había manifestado, se encontraba escribiendo su autobiografía, cuando murió. Era técnico  agropecuario, egresado de la Escuela Técnica Agropecuaria de Agua Blanca, estado Barinas. Un título para la siembra.

Una de sus canciones emblemáticas es “Muchacha flor de mi tierra”. Otras canciones que realzaron su nombre son: “El perro de agua”, un contrapunteo con Jesús Cravo, (que ha sido tomado como ritmo folklórico del llano por las nuevas generaciones, sin embargo el “pollito” dijo que es un ritmo de guachara con arreglos);  “Amor en silencio”, “Corazón enfermo”, “Romance, pueblo y sabana”, “Corazón adolorido”,  “El pajarillo viejo”, “Coleadores de mi tierra”, “Te quise sin conocerte”,  “Le pasó por parrandero”,  y “Pescador de noches tristes”. Si el llano es inmenso; inmenso es también su legado.

Foto: José González.