¿Vamos a la dolarización en Venezuela?

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LUIS VICENTE LEÓN

Lo que si es verdad es que Maduro, al reconocer el fenómeno de masificación de facto, está ejecutando el sabio dicho que reza: si no puedes contra él… únetele

Maduro ha señalado públicamente que no le parece mal el proceso “que llaman dolarización” de Venezuela. Vale la pena aclarar que en sus declaraciones, él no está anunciando un proceso formal de dolarización económica, que represente la sustitución del bolívar por el dólar como moneda de circulación nacional.

No es un plan integral de dolarización, planificado y formal, equivalente al utilizado en otras economías como la de Panamá y Ecuador. Simplemente, Maduro, luego de haber rechazado e incluso criminalizado por años el uso del dólar (varias personas terminaron presas y negocios liquidados y castigados por el uso del dólar como moneda de intercambio o valoración), decide cambiar su posición para montarse en la ola de un proceso desordenado, pero total y absolutamente inevitable, de masificación del uso de divisas en Venezuela, que sirve a la población para llenar el vacío dejado por un bolívar que perdió sus tres funciones básicas como moneda:

1) servir como mecanismo de intercambio de mercancías, bienes y servicios, pues la gente prefiere que le paguen en una moneda decente y los compradores, además, no consiguen bolívares suficientes para realizar sus transacciones, 2) reserva de valor patrimonial, pues nadie en su sano juicio quiere ahorrar en bolívares, una moneda que pierde su valor a diario y 3) mecanismo de cuenta o “accountability”, porque los consumidores son incapaces de entender la evolución de un negocio mirando sus cuentas en bolívares, que al mezclar operaciones realizadas en direferentes días, simplemente terminan sumando peras con manzanas, sin considerar que los precios en bolívares perdieron su capacidad de reflejar el valor de los productos o servicios para el comprador, quien automáticamente cambia el precio a moneda extranjera para saber si el producto esta en precio de mercado, si es barato o caro y si ha evolucionado en términos reales con respecto a su valor reciente anterior.

Lo que Maduro hace entonces es huir hacia adelante y aceptar públicamente un fenómeno contra el cual su lucha ha sido, y seguiría siendo, estrepitósamente inútil y usa como argumento para su cambio estratégico de opinión algo en lo que tiene razón: el uso masivo de divisas sirve de válvula de escape y oxigenación de una economía local, presa de la hiperinflación y la incapacidad del gobierno de rescatar confianza en las autoridades monetarias. Sin embargo, esto no significa que la flexibilización en el uso de divisas como mecanismo de pago se traduzca en una reestabilización de la economía, ni el rescate de confianza, inversión o desarrollo. 

Si bien es cierto que hay un proceso de primitivización severa de la economía venezolana, este fenómeno tampoco está produciendo cambios políticos sino procesos de adaptación económica que dividen a la población entre una minoría importante que se va (emigra) y una mayoría que se adapta y busca subsistir. La masificación del uso de las divisas sirve como válvula de escape para una economía varada y encerrada por la destrucción del valor y utilidad del bolívar. Lo que si es verdad es que Maduro, al reconocer el fenómeno de masificación de facto, está ejecutando el sabio dicho que reza: si no puedes contra él… únetele.

Pero ese reconocimiento del uso de divisas para mantener el movimiento económico del país (y la subsistencia de la población), ante su incapacidad de sostener el valor del bolívar, no representa una dolarización formal de la economía sino un permiso para la dualización de facto del país, que iba a ocurrir, con su autorización o sin ella, y que ya representa más del 50% del valor de las transacciones comerciales del país y camina a tres cuartas partes de la misma al cierre del próximo año. 


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