River Plate en la final de la Copa Libertadores

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El venezolano Jan Hurtado marcó el único gol del encuentro pero no fue suficiente para evitar la eliminación de Boca Juniors

El campeón defensor River Plate disputará la final de la Copa Libertadores 2019 pese a perder 1-0 con Boca Juniors este martes en el estadio La Bombonera de Buenos Aires, pero haciendo valer la victoria 2-0 en el partido de ida de las semifinales, reseñó AFP.


El gol lo marcó el venezolano Jan Hurtado al empujar la pelota sobre la línea del arco, en una arremetida tras un centro que había bajado de cabeza el central Lisandro López, a los 80 minutos.


River no pudo lucirse con su habitual juego dominante y tampoco evitar la vorágine de un superclásico dramático.


Los ‘millonarios’ jugarán el 23 de noviembre en Santiago de Chile un único partido contra el vencedor de la llave brasileña Flamengo-Gremio, que empataron 1-1 el primer choque en Porto Alegre y disputarán la revancha el miércoles en el Maracaná.


El DT de los riverplatenses, Marcelo ‘Muñeco’ Gallardo, ganó siete títulos internacionales desde que asumió en 2014, incluidas dos Libertadores. River ganó cuatro veces la Copa, incluida la última en el superclásico trasladado a Madrid en 2018 (3-1). 


Boca fue una tromba casi todo el encuentro. Mandó a Ramón ‘Wanchope’ Ábila como único punto de lanza. Carlos Tevez y Eduardo ‘Toto’ Salvio se lanzaban como morteros contra el área adversaria. Les faltaba encontrar de socio a Alexis Mac Allister. Por las bandas escalaban Julio Buffarini y Emannuel Mas.


Los ‘xeneizes’ eran un aluvión. Atacaban sin dar cuartel. Nunca lo hacen. No es el estilo del entrenador Gustavo Alfaro. Pero tenían que quemar las naves.


Su problema era que rebotaban una y otra vez contra una retaguardia liderada por Lucas Martínez Quarta y Javier Pinola. Enzo Pérez rompía todo juego que se acercara al guardavalla Franco Armani. 


River halló huecos de contragolpe, aunque sin proyectar a los laterales Milton Casco y Gonzalo Montiel. Exequiel Palacios e Ignacio ‘Nacho’ Fernández carecieron de su fútbol de toque. Había demasiado vértigo, demasiado nervio.


En ese torbellino funcionaba mejor la velocidad de Nicolás de la Cruz. El uruguayo quebraba la línea defensiva boquenses a espaldas de Buffarini. 
El talón de Aquiles de Boca fueron sus flancos defensivos. El de River eran los tiros libres que le caían por elevación.


A los azul y oro les anuló correctamente un gol a Salvio el árbitro brasileño Wilton Sampaio por mano dentro del área. No necesitó el VAR (videoarbitraje).


El tiempo se consumió y River celebró en la casa de su archirrival histórico. Para Boca la eliminación es otro episodio que mancha su rica historia menos de un año después de la final de Madrid.

Fuente: www.eluniversal.com