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septiembre 27, 2021
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Bernardo “El Lapo” Ledezma: un señor padre sobre las 32 cuerdas del arpa 

Bernardo “El Lapo” Ledezma: un señor padre sobre las 32 cuerdas del arpa 

 El Tigre.- Quien lo conoce se hace su amigo. Siempre tiene un consejo que decir o algo de la filosofía cotidiana que llama a la reflexión. Así como cuando dice que no le teme a la muerte porque está segura; que le teme por la vida que en cualquier momento se va para no volver. Es mejor caminar que descansar.

 Así es Bernardo Ledezma, un extraordinario músico popular, mejor conocido como “El Lapo”. Arpista y cuatrista. Aprendió a ejecutar estos instrumentos por obra y gracia de Dios. Su constancia y las ganas de aprender fueron sus dos maestros. Tanto, que sus hijos se han hecho grandes músicos, cantantes y compositores de la música venezolana. Es algo natural. Es la voluntad divina que se manifiesta ante la presencia de un artista de su talla. Ese hombre, ese padre que enseña sólo con el ejemplo y con la virtud de exigir que siempre sea necesario aprender más y más. A ningún hijo le dice que está tocando bien, aunque en el fondo reconozca que sí lo está haciendo. El ego castra.

 De Pekín

 Bernardo “Lapo” Ledezma nació en la comisaría El Rodeo y se crió en el caserío Pekín. Esto queda, allá, a lo lejos en el sur, casi llegando a las barrancas del río Orinoco, entrando por las llanuras de la parroquia Zuata del municipio José Gregorio Monagas, estado Anzoátegui. Geografía de la distancia.

 El robo de una muchacha

 Hasta los 21 años de edad lidió con las faenas propias del campo. La agricultura rudimentaria y la cría de animales junto a sus padres y hermanos. A esa edad se enamoró de Meleida Castro. Se la trajo huida. Evitando que los fueran a casar, no tuvieron que ver con distancia ni medios de transporte para salir de Pekín. Lo cierto que cuando la noticia se regó en el caserío, ya los enamorados estaban camino a la ciudad de El Tigre. “El Lapo” nunca había salido a un centro poblado. La muchacha tenía familiares en esta población y quizás eso los hizo elegir como destino a donde llegaron sin nada. Sin comida, sin más ropa que la que llevaban puesta y sin casa. Meleida pudo refugiarse en casa de los familiares, que medianamente la asistieron. Le daban para dormir. Pero “El Lapo” no era bien visto y mucho menos bien recibido. Era un “ladrón”. Ser robó una mujer y no quería asumir el compromiso del matrimonio.

 Durmiendo en el piso

 Así que Bernardo “El Lapo” Ledezma le tocaron días duros. Dormía en el piso en una casa abandonada en el sector La Charneca. Sin cobija y sin agua. Sólo lleno de reflexiones, pero dispuesto a no regresar. Cuenta que a eso de las 2:00 de la madrugada se levantaba del suelo y cada vez que manoteaba para espantar los zancudos, la mano le quedaba llena de sangre. Zumbaba la plaga en los oídos.

 La mitad de una arepa

 A la muchacha en la casa donde ella dormía le daban de desayuno uno arepa y una taza de café negro. Ella partía la arepa por la mitad y esa mitad se la llevaba a “El Lapo” con unos sorbos de café frío. Con eso en el estómago él pasaba el día. Con el agua de lluvia se bañaba y lavaba la ropa que cargaba puesta. En lo que se le secaba, salía al centro. Conoció a alguien que le facilitó conseguir un trabajo en la ferretería y bloquera La Vibradora, ubicada en la avenida Francisco de Miranda. Una vez que comenzó a trabajar y recibió su primer pago, cambiaron las condiciones de vida. Vino el alquiler de una habitación modesta, la cocinita, la camita y al fin pudo comenzar a vivir en pareja con la mujer que se trajo huida. Mérito a la paciencia.   

 La arpita de “El Pájaro”

 Siempre le había gustado el arpa. Trabajando en La Vibradora, tuvo contacto con Eleuterio Hernández “El Pájaro”, que también había llegado a El Tigre, procedente de las tierras de Zuata. Eleuterio tenía un arpita que se la prestó. Eso fue suficiente para que se familiarizara con el instrumento y de manera autodidacta comenzara a tocar arpa. Después compró su arpa propia. Hoy tiene dos y ninguna está en su casa. Casi 50 años dedicados a ese instrumento y todavía sigue aprendiendo a tocarla. Ese arte jamás se domina.

 El primer conjunto

 Cuando tenía 25 años constituyó su primera agrupación musical. Debutó en la Cervecería Tiuna que estaba ubicada en la salida de El Tigre hacia Pariaguán. Los otros músicos eran Benito Cabeza, cuatrista; Alfonso Machado “El Babo”, bajista, y maraquero era cualquier invitado. Los cantantes eran Manuel Cedeño, Fernando Ledezma “El Carrao de San Fernando”, Eleuterio Hernández, Erasmo Hernández, y otros. Se cantaba por set. No era que ibas a cantar y te ibas. No. Tenías que cumplir hasta que durará la parranda, 3:00, 4:00 de la mañana. Se ganaba poco, pero alcanza bastante. Venezuela era otra.

 Trabajo y más trabajo

 Si en un principio no tenía trabajo, poco a poco le fueron surgiendo oportunidades que no despreció. En el día trabajaba en la bloquera La Vibradora. No era fácil trabajar con cemento y arena y cuidar las uñas de arpista. En la noche laboraba de mesonero en el restaurante Pollos Chipen en el sector El Luchador y cuando lo llamaban también “mataba tigres” como mesonero en el bar “El Último Tango”, que quedaba en la salida hacia  Pariaguán, frente a la antigua clínica Orsini. El trabajo honra.

 Eso fue el comienzo. Ha tocado en todos los sitios habidos y por haber en todo el oriente y la región de Guayana. También parte de los llanos y en la mayoría de las ciudades de Venezuela. Ha acompañado a todas las estrellas de la música llanera: Reynaldo Armas. Cristóbal Jiménez, Teo Galíndez, Rummy Olivo, Simón Díaz, Jorge Guerrero, Vitico Castillo, Reyna Lucero, “El Carrao de Palmarito”, Antonio Castillo, Francisco Montoya. A todas las generaciones de cantantes desde que se encuentra activo. Ha grabado con Luis Sarmiento, Chuíto Maita, Erasmo Hernández y Fernando Ledezma. Como músico tiene miles de anécdotas que contar. Incluso de los “carros” que le echaron algunos organizadores de fiestas que después que les tocó no le pagaron. “Cuando uno llega a la casa amanecido, trabajando toda la noche, la familia cree que te has rumbeado la plata. Imagínate los problemas que eso genera”, dice. No es fácil resolver esa tarea.

 Sin firmar acta de matrimonio

 Tres relaciones formales de familia, ha tenido “El Lapo” y hasta ahora no ha firmado ningún acta de matrimonio. De Meleida Castro, a los pocos años se separó. Él alega que ella tomó un carácter de celos obsesivos, que no le permitían casi trabajar y tener amistades. Luego se estableció con Ramona Zamora y actualmente convive con Ada Rosa Flores. De esas tres relaciones han nacido 11 hijos. De llos, reconocidos músicos como José Ángel Zamora, excelente bajista; Johnny “Lapito” Zamora, arpista, arreglista y compositor; Bernardo “Nano”, Ledezma, cantante, cuatrista y compositor; Luis Daniel López, cantante y cuatrista y de las hembras hay una que canta, Diomaris Ledezma, aunque pocas veces lo hace ante un público. “El Lapo” afirma que la música concede privilegios y permite muchas vivencias. Hace que las mujeres se enamoren del instrumento que uno toca y a veces eso hace que suceda que “cuereen en la punta del rejo”, como lo que dejó dicho el cantante colombiano Lorgio Rodríguez. La cueva es prolífica y dice que hay más…

 La lección del ejemplo

 Sobre el aprendizaje musical de sus hijos, comenta que aprendieron igual que él. Nadie los enseñó. Claro, ahora hay otros técnicas y métodos y eso les ha favorecido a ellos. Si le preguntaban, ¿cómo hago esto para que suene así? El maestro les respondía: dale… Es que les da recomendaciones a los hijos, no como maestro de música, sino cómo aprender en la vida. Evita las exaltaciones y decirles cosas como por ejemplo: ¡Eso, eso, eso… te la estás comiendo…! No, nada. Al contrario, siempre le dice que tienen que aprender más. Exigencia e insatisfacción es una norma en el arte.

 La música y el bolsillo

 Aunque con la familia atendió restaurantes criollos de su propiedad y tuvo una empresa constructora, es principalmente de la música que ha vivido. Ya, por supuesto no tiene contrataciones como antes ni tiene las habilidades y destrezas que años atrás poseyó para ejecutar el arpa. El oído sí es el mismo y los conocimientos mucho más amplios. Después de haber superado el contagio del Covid – 19 en el 2020, batalla en la que agradece de por vida la dedicación y profesionalismo del doctor Carlos Rodríguez, que aunque nació en Cuba, canta música llanera, reconoce que el movimiento de los dedos sobre las 32 cuerdas del arpa, no expresan el mismo lenguaje de años atrás. Reconocerse a sí mismo es muy sano.

Anécdotas de “Lapo”

 Decíamos que Bernardo “Lapo” Ledezma tiene anécdotas como para escribir siete libros. Recuerda que una vez tocando en El Rincón Llanero de Pariaguán, acompañaba a “El Cubiro” Luis Lozada y éste le pidió  que le transportara el arpa a Do Mayor. Como “El Lapo” tardó en afinar el tono, “El Cubiro”, soltó el micrófono y dejó la tarima. “El Lapo” lo tomó como un desagravio. La noche siguiente se encontraron en el hipódromo de Pariaguán. “El Lapo” acompañó a Francisco Montoya y venía luego “El Cubiro”, cuando éste dijo: “Dale, maestro…”, “El Lapo” puso el arpa en el piso y dejó la tarima. Lo que es igual no es trampa.

  Otra anécdota es la de cuando recién llegado a El Tigre, fue a comprar una camisa a una tienda de la calle Bolívar. En lo que entró, medio encandilado por la luz del sol y un sombrerito “cachicamo” que llevaba puesto, ve unos maniquís de figura femenina y le pregunta a uno, sin alzar mucho la mirada por timidez, que él andaba buscando una camisa para comprar. Como no le respondió, dio la vuelta y regresó otra vez y volvió a preguntarle al maniquí que tenía el brazo extendido. Fue cuando desde el fondo de la tienda un árabe le preguntó qué quería. Le respondió que una camisa. El árabe le hizo otra pregunta, qué cuánto disponía de dinero. “El Lapo” le responde que carga 200 bolívares. El árabe rápido le dijo que le veía cara de hombre bueno y que le iba a vender dos camisas de tela importada  por los 200 bolívares. Así fue. Pero la compra resultó una estafa. Cuando la mujer de “El Lapo” lavó las camisas, quedaron deshilachadas en la batea. Tiempo después se encontró en una finca con el “turco” y le dijo que lo había robado. El árabe se sacó el lazo, diciendo que no, que eso no fue él, que él es un hombre honesto. Que de seguro fue su hermano. Quien le gane a un árabe en el baratillo, hasta ahora es caso de excepción. El comercio no nace, se hace.

 Dios así lo quiere

 “El lapo” Ledezma reside en el sector Las Delicias de El Tigre. Con más de 70 años de edad no ha dejado el cigarro, ni el chimó y de vez en cuando una copita no le amarga lo dulce de la vida. Siempre tiene un chiste a flor de labios. Siempre tiene alegría en cada palabra. Y sobre todo, toque o no toque, por donde va, lleva la música en el alma. Y no porque él quiera, es que Dios así lo quiere.

 Carlos San Diego / Fotos: José González.

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