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octubre 21, 2021
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Raíces del municipio Monagas / Amada Cordero: reflejo de poesía en su rostro sereno

Raíces del municipio Monagas / Amada Cordero: reflejo de poesía en su rostro sereno

Zuata.- Zuata. Hablar de este pueblo, hablar de Zuata, sin duda es hablar en positivo. Con todas las calamidades; con todos los problemas que en definitiva son parte del acontecer común de toda sociedad; porque como dice el dicho “para que la existencia tenga sentido deben existir las dificultades”. Sería ridícula una sociedad sin motivos de lucha para la superación de obstáculos y de contradicciones. Pero referirse a Zuata, es referirse a tardes de toros coleados, a llanuras que se extienden hasta el Orinoco. A canto de sabana, a procesión en la noche bajo un chubasco llanero. O como dice el canto de Carlos González: Esas sabanas de Zuata / recuerdo un día pasamos / fijamos a Loma Limpia / y a Hato Nuevo hemos llegado / donde Tomás Cordero / con su atención nos ha brindado / la laguna La Culebra / nunca la aflige verano…

 Evidentemente nos parece Zuata, además de ser una población de gente luchadora, consustanciada con el trabajo y de costumbres muy arraigadas de la tradición llanera,  es también un pueblo agradable, donde se avizora un empeño de avance y crecimiento; de inquietud por un destino de progreso  organizado. Sin embargo no es menos cierto que a Zuata le ha faltado el empuje oficial, el apoyo sostenido para que se dé, igualmente un desarrollo armónico de manera sostenida.

De allí, que ojalá como ya ha sucedido en otros pueblos de nuestra geografía patria, no sea distorsionado su gentilicio, su fe y su tranquilidad por la ruptura que significa la llegada del monstruo llamado petróleo que ya está tocando sus puertas.  Qué bueno sería que los zuatenses vieran su pueblo creciendo de manera natural adecuando servicios y necesidades a las exigencias de la naturalidad de ese crecimiento y no con ciudades impuestas con caras desconocidas  y costumbres distorsionantes atrofiantes de la realidad genuina del pueblo.    

Uno llega a  Zuata y la siente  llena de una esencia que parece cobijar a toda su gente: la veneración a Santa Rosalía, que de alguna manera contagia y es como si estuviera pegada a las paredes, a las puertas de cada casa, en la tranquilidad con que se mueven sus calles y al olor que proviene de las aguas del río Zuata, cabalgando en la brisa del recuerdo de Pueblo Viejo. Es un pueblo con apellidos comunes, como Cordero, Ledezma, Machuca. Malavé, Higuera, Hernández, etc.,  y donde parecen unirse  más profundamente los lazos  de hermandad entre Anzoátegui y Guárico.  

En compañía de la joven Ana Eliana Ledezma, fuimos  a la casa del buen amigo Humberto Machado, quien nos acompañó a la casa de  Amada Cordero, ubicada en la calle Comercio, a dos cuadras de la iglesia  de Santa Rosalía. Ella nos esperaba y confieso que, a primera vista, esta mujer refleja una sensación agradable de paz con una serena y dulce madurez en su rostro. Nos agradeció gentilmente el apoyo prestado en oportunidad anterior a uno de sus hijos y manifestó haber oído conversar en muchas oportunidades de mi persona.  Nos dice que nació el 12 de diciembre de 1947, en el sector Tierra Amarilla, cerca del río Zuata, por el lado del estado Guárico. Este año cumplirá 74 años de  vida.  Por error en la cédula de identidad aparece que fue el 11 de diciembre el día que vino al mundo, pero ella afirma que su mamá le dijo que era el día 12 la fecha exacta del difícil alumbramiento. Es hija de Genara Cordero y Pablo Cumana y eran sus abuelos  José Gregorio Cumana y Julia Manaure por la parte paterna y  Josefa Cordero y Juan Machado por parte de madre,  quienes eran del estado Guárico, de allí que Amada diga que sus raíces son guariqueñas.  Tuvo  7 hijos de los cuales los dos últimos Frank y Fernando son varones. Según su cuenta son 19  los nietos y aún no tiene bisnietos.

 Amada Cordero, es bastante versátil, habla con mucha fluidez, de voz suave semicadenciosa. Nos cuenta que su nacimiento fue casi un milagro, atendido por su abuela Josefa como  comadrona.  Por complicaciones del parto tanto ella como su madre estuvieron a punto de fallecer, ya que lo primero  que salió fue una piernita y allí se tranco y pensaron cortar la pierna para salvar a la parturienta, sin embargo, la que posteriormente fue su madrina llamada Sótera Cordero, recomendó pusieran a la madre con la cabeza hacia abajo y la movieron fuerte  como sebucán y ella se enderezó y pudo salir definitivamente la niña. Pero le quedó interna la placenta, Sótera mandó tomara orina de hombre  para que la botara lo cual surtió el efecto deseado.

 ¿Qué nos puedes contar de tu papá?

-Mira, él no sabía nadar, pero tenía una curiara y cuando el río crecía, él  pasaba a la gente que necesitaba cruzar. Ayudaba a las personas que requerían el favor a cualquier hora aunque el río estuviera botado. Se comunicaban por medio de “guarura” o de un “sonido de cacho” que lo pitaban y ya él sabía que era gente que quería pasar el río.

 ¿Cuándo se vinieron de Tierra Amarilla para Zuata?

-Bueno, vivimos en Tierra Amarilla hasta el año 57,  ya tenía 10 años,  nos vinimos con la intención de estudiar, había una escuela, Yolanda Higuera fue mi primera maestra. Ella daba clases en su casa, cerca de la plaza Bolívar, para entonces no existía el grupo escolar. En la casa de Adolfo Ortega daban clase desde 2do grado hasta 6to. Allí estudié 2do, con la maestra Reina Chivico de Rodríguez y 3er grado con el maestro  Rico Paracuto, cuando llegué a 4to ya estaba listo el grupo escolar  y la maestra que me tocó fue Cristobalina Rodríguez, el 5to grado lo estudie en El Tigre, en la escuela de monjas Nuestra Señora de Coromoto. Por mi comportamiento casi fui monja, porque me querían mandar para España,  a estudiar para monja, pero como mi papá y mi mamá no eran casados no me fui. Bueno, lo que pasa es que Diosito no lo quiso así, el prefirió que yo debía tener a mis hijos y así fue.

¿Cuándo te viniste de El Tigre?

-De El Tigre me vine porque como trabajaba en una casa de familia y me pagaban muy poco y como mis padres no se quisieron casar, entonces no me fui con las monjas, me vine a estudiar el 6to grado aquí con el maestro César Zerpa.

¿Nos hablas de tus primeros años, que recuerdas?

-Mis primeros años de vida fueron felices allá en el campo, ayudaba a mi mamá a pilar arroz, a buscar leña en la cabeza y a buscar agua en latas. Yo era muy consentida de mi papá, me montaba en caballo y me llevaba por los campos, mi mamá tenía unas vaquitas poquitas, todavía quedan algunas.

¿Dónde vivieron cuando vinieron para Zuata?

-Cuando nos vinimos para acá vivimos en esa casa que está allí al lado, no nos hemos movido mucho. 

¿Qué era Pueblo Viejo?, ¿has oído hablar de eso?

-Eso era el pueblo antes,  estaba allí a la orilla del río; cerquitica, en toda la orilla. Cuando  yo tuve uso de razón ya Pueblo Viejo no existía, pero una señora de nombre Eduarda Leal, me contaba de cómo era ese pueblo y de la gente que allí vivía, según eran pocas casas y gente pudientes con ganado,  mucho ganado. Dicen que tenían mulas y en unos bolsones cargaban las morocotas en esas mulas, porque como poco era el gasto las acumulaban. Había un señor que según era el más pudiente  de allí, se llamaba Trinidad Martínez, dueño de varios hatos y había una señora llamada Pulinaria Cordero que también tenía maneras como dicen-.

Interviene Humberto Machado para afirmar que allí todavía se pueden apreciar algunos resquicios de ese lugar así como matas de mango. – Dicen que hacían un cañón o trabuco que  detonaban cuando iba a venir un sacerdote.

¿Santa Rosalía fue igualmente patrona de Pueblo Viejo?

-Sí, esa señora Pulinaria Cordero era la que cuidaba  la virgen y cuentan que en una oportunidad la virgen por algún motivo se molestó y se trancó la puerta y no abría de ningún modo, y Pulinaria le pidió que se calmara y le imploró y así fue que la puerta se abrió. También decían que cuando alguien le ofrecía una promesa y no le pagaba la santa se le iba del sitio.

Recuerdos de Zuata cuando llegaste a vivir en ella.

-Zuata era pequeña, pocas casas. Las calles eran con una que otra casa. En esta por ejemplo, sólo había esta casa que está allí y la de doña Virginia de Arzola estaba solita por allá. En el sector Colombia había una sola casa, la iglesia no estaba donde está ahorita, sino en una casita de zinc allí donde actualmente está la prefectura-. A esta hora de la conversación llegó su hijo Frank, que nos acompañó hasta el final de la entrevista.

¿Cuándo viniste a Zuata dónde buscaban agua?

-He… bueno no sé, mira se buscaba agua en los jagüeyes. Al frente de un sitio que se llama Cornelio y en José Díaz, se lavaba en el río, se iba en burro para el río  y para la quebrada El Merey. Allí cerca de donde vive Josefita casi al frente de donde está el comedor había  como un  aljibe, el agua era clarita y sabrosa, se sacaba agua con una manilla. Los que podían compraban agua a Saturnino Espinosa (aún vive), que tenía un camión con un tanque uno le decía la bomba, y el señor Chilo vendía agua en un burro por latas de esas donde venía la manteca,  1 real la lata, Saturnino vendía a 1 bolívar el tambor, él buscaba en un pozo que le decían el “pozo del niño”.  

Tengo entendido que hay muchas leyendas e historias sobre Santa Rosalía  ¿Podrías referirnos algunas?

-Bueno hay una leyenda que han contado mucho y es la que a Santa Rosalía una vez se la llevaron para San Diego de Cabrutica, y costó mucho para sacarla de aquí; por la noche cayó un gran aguacero y al día siguiente la Virgen amaneció de nuevo en Zuata.  También una vez y que vino un viejito de Santa Clara a pagar una promesa y él empezó a hablar con la virgen y le contó a la señora Panchita, que él “vino a pagar esa promesa a Santa Rosalía para que no le fuera a pasar lo que le pasó a una señora de Santa Clara, él era gallero y en una oportunidad se fueron a un sitio a jugar gallos y por allá estuvieron tres días, cuando venían de regreso en un carro, vieron una mujer llamada Olimpia, que venía vestida de blanco y con una pañoleta blanca y ellos le preguntaron: ¿para dónde vas Olimpia? Y ella  respondió para Zuata a pagar una promesa a Santa Rosalía. Ellos le insistieron que se regresara que eso era muy lejos para ir a pie, ella porfió y no se quiso regresar porque ella debía llegar a pie a Zuata, ellos al llegar Santa Clara informaron a los familiares y estos le manifestaron que ella hacía tres días que había muerto. Luego supieron que ella debía una promesa a Santa Rosalía y los familiares tuvieron que ir a pagar la promesa. Otra anécdota es que una muchacha por un dolor que sentía en la garganta ofreció una gargantilla a la virgen y se curó,  pero al momento de traer la gargantilla y colocársela a la santa, comenzó a lamentarse que tan bonita su gargantilla y tendría que dejársela, cuando se fueron de regreso sintió de nuevo el dolor y en un aparador la madre encontró de nuevo la gargantilla y la muchacha murió con ese dolor.  También Ana Eliana contó algunas anécdotas relacionadas con Santa Rosalía.  Entre ellas que la gente dice que a la santa no le gusta mucho salir del templo.

¿En qué año se construyó la iglesia como tal para Santa Rosalía?

La iglesia de Zuata fue construida en el año 64, después  le han hecho remodelaciones hasta la más reciente que es esa que está actualmente.

¿Cuál fue el primer cura que conociste aquí en Zuata? 

-Después que tuve uso de razón el primer padre que yo conocí fue al padre Mario, después vino el padre Bermejo.

 ¿Perteneces a alguna legión religiosa?

-Pertenezco a la Legión de María, soy la vicepresidenta.

 ¿De las tradiciones de Zuata que es lo que más te llama la atención?

-Las fiestas de la virgen, la procesión que es bellísima, la tradición de Semana Santa, los cuajados  y en diciembre los aguinaldos en las madrugadas y la misa. Antes para el Año Nuevo, se hacía el trabuco, y a la hora del Feliz Año  lo detonaban, se oía en todo el pueblo. Igual para las fiestas al momento de sacar la procesión.

 ¿Bailas joropo?

 -Sí bailo, bueno ya se me ha olvidado, creo, hace tiempo que no bailo. También tejía chinchorro y alpargatas, cosía y montaba a caballo.

¿Cómo aprecias las fiestas de Zuata antes?

-Bueno los toros eran aquí mismo, cerraban la calle hasta allá cerca de la casa de Virginia Arzola y allí corrían caballos  y coleaban los toros, se recolectaban fondos a través de verbenas y las muchachas iban a esos pueblos a pedir colaboración, a los coleadores las muchachas les colocaban cintas. Para las fiestas se ponía el baile de gala en honor a la reina, no había sino la reina de las fiestas, ahora no porque sacan reina del coleo, reina de la cultura, del deporte.  Todo era muy sano, había respeto.

¿Alguna comparación con las fiestas de antes y las de ahora?

Las fiestas han perdido mucho de la tradición, se han convertido en un evento comercializado.

 ¿Qué deseas para Zuata?

-Yo desearía que Zuata fuera más desarrollado, con todo su potencial, que funcionara los servicios de cloacas, buenas vías, el comercio, más trabajo, una emisora de radio, la luz que funcionara bien, que el servicio de agua mejore para que las cosas avancen.

 Con estas palabras se despidió Amada Cordero, llevando en la serenidad de su rostro el afecto de una madre que desea lo mejor para sus hijos. 

  P.D. Esta entrevista fue realizada en  Zuata, en el mes de abril de 2012.

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