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octubre 21, 2021
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 María Luisa Piazza: el ballet de la constancia y la sencillez

 María Luisa Piazza: el ballet de la constancia y la sencillez

El Tigre.- Ella nació en Italia. Un pueblito llamado Castions di Strada, cerca de las ciudades de Udine, Trieste y Venecia, al que la historia recuerda en el tiempo como la aldea escogida por Atilas para construir un castillo.

En Castions, existe desde hace muchos años un convento de las hermanas de la orden de Nuestra Señora de Gracias, vivían de lo que les ofrecía la gente. Las monjas enseñaban a las niñas a bailar ballet. Allí tuvo María Luisa Piazza oportunidad de aprender lo que considera que es innato en ella, el baile, el ballet para el que dice que siempre mantuvo aptitud, que se acrecentó al ingresar al convento de Nuestra Señora de Gracias, una vez que muere su madre y su padre se vino a Venezuela.

En esos días de una Europa, todavía estremecida por los conflictos mundiales, a la salida de la Segunda Guerra Mundial, las tías de María Luisa, la retiran del colegio de las monjas para internarla en una escuela de Udine y de allí acudía a una preacademia de ballet en Friuli, norte de Italia, cerca de Austria y Yugoslavia, donde realmente aprende el ballet bajo el cuidado de la misma congregación de Nuestra Señora de Gracias.

La escuela de Francia

Pero en torno a su vida había muchos movimientos y cambios de direcciones. Recuerda que a la edad de 9 ó 10 años se fue a Gap, Francia con una hermana que vivía en ese poblado. Esta hermana quería que cambiara sus estudios de ballet por los de patinaje clásico. Eso no era lo que María Luisa Piazza le gustaba y la hermana decide internarla de nuevo, pero esta vez en la ciudad de Lyon, donde definitivamente se quedó y entró en una academia más avanzada donde cursó hasta el noveno año, faltándole sólo tres para graduarse y salir como bailarina o maestra de baile.

Nunca perdió el contacto con su padre. Así que estando en Lyon, la mandó a llamar para que viniera a Venezuela, a donde llegó hace alrededor de 60 años.

Directo a El Tigre

Se vino directamente a El Tigre, estado Anzoátegui, a donde se encontraba su padre. Quizás algunos prejuicios no le permitieron ir a Caracas entonces. Una vez que llega a El Tigre, que se aclimata al calor de la sabana y del pueblo surgiendo de las entrañas de los pozos petroleros en medio de aquellos mangales del río Caris, quiso retomar el ballet, continuar su carrera de bailarina era difícil, no había dónde ni cómo. En aquel tiempo, año 1961, en Caracas era famosa la bailarina Nina Nova que había traído Pérez Jiménez y se había quedado. Pero su padre sentía miedo que se fuera a estudiar a la capital.

El ballet nació en San Tomé

Pasaron los años y la aptitud para el ballet permanecía a pesar de la aridez para expresarlo. Sin embargo, siempre bailaba, pero dentro de las limitaciones que significaba una sola persona interesada en un área; así que todo ese ímpetu y conocimientos, trata de canalizarlos hacia la enseñanza. Comienza a enseñar a algunas niñas a bailar y como su padre tenía una constructora que trabaja para la empresa Mene Grande, había allí un señor de apellido Lampe que le sugirió dar clases de ballet en el Club de Campo Norte de San Tomé, municipio Freites, estado Anzoátegui.  Allí estuvo algún tiempo impartiendo formación. Así nació la escuela de ballet que lleva su nombre, con más de 52 años de fundado, y que de una manera perseverante y sencilla, sin hacer mucho alarde, pero con mucho trabajo, estética y disciplina, no se le puede negar que ha sido una entrega de por vida a una pasión llamada ballet, y que con orgullo es  patrimonio cultural de los anzoatiguenses.

Aprovechó igualmente, la jerarquía del Colegio Divino Maestro de El Tigre, para inducir el ballet en esta ciudad.

Comenzó como un juego porque le encanta. Ama el ballet. Como docente, su trabajo   lo realizó casi gratis. Recuerda mucha gente que la ha ayudado en esta larga tarea, y los viejos maestros, Gino Bacco y Pepe Seribá.

El honor de la profesora

Las alumnas que siempre recuerda, son muchas y no quiere nombrar a ninguna para no caer en alguna falla. No obstante, dice que de ellas, Gipsy Guerra, integró el Royal   Teatro de Canadá, en el papel de solista; expresa que eso es un honor. También Yolandita Flores, con representaciones en algunos países de Latinoamérica, fue a Cuba y luego se fue a Brasil, dedicada al ballet a tiempo completo. Son muchos logros que puede enumerar…

Comenzando siempre

En El Tigre hay grandes talentos, pero es muy escasa la ayuda, incluso, partiendo del estímulo y apoyo desde el hogar. Quizás la familia quiere otra profesión, menos una bailarina. Para ser bailarina hay que sudar siete toallas más siete toallas en cada clase. Tan grande es el ballet que ayuda hasta a corregir los defectos físicos.

Dice que siempre le pareció estar comenzando. Si hubiera más apoyo, el ballet en El Tigre pudiera seguir o tener un mejor destino. Lo cierto es que el Ballet de María Luisa, es parte de la historia artística de El Tigre. Una historia construida paso a paso y no con cualquier paso, precisamente, sino con esos pasos de punta. Esos pasos que se dan con elegancia.

Foto Cortesía.

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