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Raíces del municipio Monagas / María Mercedes Pino: núcleo y orgullo de una gran familia

Raíces del municipio Monagas / María Mercedes Pino: núcleo y orgullo de una gran familia

San Diego de Cabrutica.– La obra de cada ser humano en la vida, su huella, su trascendencia, su valor, más que la utopía de la suerte o del destino, es un acto de convicción, donde  el hombre o la mujer moldean la naturaleza, exaltan la fe y se entregan a fomentar con altruismo lo que en realidad quiere ser.  Así, cada quien en la vida forja su obra y toma lo que quiere tomar de las miles alternativas que la existencia le presenta.  Es aquí, quizás, donde nos tropezamos con el dilema del bien y el mal; donde si no distinguimos con exactitud lo que queremos, podemos distorsionar las sendas del buen proceder. Ante esto no es necesario quejarse de que fui  o no fui, de que estudié o no estudié, me pusieron o no me pusieron, yo era pobre o muy rico, eso no me permitió hacer esto o aquello o lo que yo quería ser.

La realidad de la vida es invariable y somos lo que procuramos ser. Un ejemplo de esta temática lo encontramos en una mujer con un sentido pleno de su rol en la vida, ser ejemplo para la construcción de una gran familia. Nacida del campo remoto a las costas de los morichales y en tiempos de dificultades. Apenas si aprendió a firmar, lo que no fue limitación para su gran vocación de levantar, mezclando esfuerzo y amor, una legión de 12 hijos e impulsarlos a que se convirtieran en profesionales y personas de bien al servicio de la sociedad y de la patria (médicos, abogados, ingenieros, profesores, técnicos, etc.)

Esta mujer llena de virtudes y de amor por la vida, por el trabajo y por las cosas buenas, es  María Mercedes Pino, poseedora de una dichosa serenidad y una excelente desenvoltura, donde ella se apropia del tema de forma convincente, con mucha humildad, sin afanes, sin ponderaciones, con una profundidad del intelecto que muchos quisieran manejar.

Llegamos  a la casa de su hijo Vicente y nos informó que ella se encontraba haciendo compras en el centro de acopio Pdval que funciona cerca de la casa por el sector El Alto de San Diego de Cabrutica. Esperamos unos minutos, a que ella llegara, traía puesto  un coqueto sombrero de cogollo y venía acompañada por su hija María Carolina, profesional jubilada de la docencia y quien nos acompañó durante toda la conversación.  Le indicamos el propósito de la entrevista y nos invitó a la casa donde vive, cerca a la de su hijo. Una vez allí, nos mostró con orgullo y denotando alegría,  algunas fotos y cuadros que recién le obsequiaron con motivo de su cumpleaños número 80, vale decir que no muestra esa edad.  Nos comenta que ese cumpleaños fue una gran fiesta con ternera y muchos copleros y toda la familia reunida que le hicieron vivir momentos de mucha emoción.

María Mercedes Pino, nació en el sitio conocido como Las Maticas, cerca de donde antes pasaba la antigua carretera que conducía a las costas del Orinoco. –Cerca de esos morichales- dice ella, su nacimiento fue el 23 de septiembre de 1931, vísperas del día de la virgen de Las Mercedes patrona de San Diego de Cabrutica. Hija de Ana Santiaga Pino y de Pedro Alejandro Flores. Ellos eran de esas costas de morichales cerca de El Manteco más adelante. De  sus abuelos recuerda a su abuela materna María Inocencia Pino y su abuelo paterno Claro Olivares.

¿Cuantos hermanos son ustedes?

-Somos tres hermanos. Los padres de nosotros se murieron jóvenes. Mi madre se murió de una fiebre. Ella estaba embarazada, abortó y cuando estaban velando a la niña prendieron una vela y la dejaron allí, como la casa era encujada de pencas de moriche, la vela cayo y el moriche se prendió, mi mamá estaba acostada en un cuarto, porque antes cuando las mujeres parían las encerraban para que no tomaran sereno, no es como ahora que paren hasta en una bañera, bueno, y entonces la sacaron lejos por allá y como recién había abortado el susto y la desesperación, eso la hizo empeorar y es posible que eso le haya causado la muerte. Ella cuando la casa estaba prendida llamaba a su hijo Alejandro, decía que lo salvaran, pero él estaba en otro sitio con la abuelita. 15 días estuvo mamá enferma y murió, yo digo que por falta de médico. Mi papá estaba para Corozal “battistero” cuando ella murió, nos cuenta la abuelita, que cuando él llegaba ella siempre lo salía a encontrar y cuando él llegó que ella no salió a su encuentro eso lo afectó mucho. Dice  la abuelita, que él estaba bien y cuando a ella la vinieron a enterrar, él regresó prendido en fiebre y murió cinco días después con fiebre y un gran dolor de cabeza.  Cuando se quemó esa casa nosotros vivíamos en Las Parchas, después estuvimos en El Playón, en esas costas de morichales.

¿Fuiste a la escuela?

-Nosotros no tuvimos escuela, lo único que yo hago es firmar, sin embargo todos mis hijos son profesionales

 ¿Qué recuerdas de tu infancia?

-Yo como niña lo que más hacía era jugar, uno hacía muñecas de tusa y las vestía y con eso jugábamos. Lo que más nos gustaba era jugar haciendo corrales y las vacas las hacíamos de taparitas  y le poníamos patitas y cachitos de palo. Después que se quemó la casa, nosotros quedamos con la abuelita María Pino, no sé si tú te acuerdas de ella, era la mamá de Jhon Pino, de Luis Pino, de Erasmo, con ella fue que nosotros quedamos. Después estuvimos por Los Pozos, y por El Manteco. Cuando crecí me casé  y después de allí fui de Pedro Castro-.  Se ríe.

¿Dónde conociste a Pedro Castro?

Él iba siempre por El Manteco, él vivía en La Ceibita y se la pasaba por el pueblo y por esos campos y siempre iba para allá. Yo era muy joven cuando me casé con Pedro Castro, tendría como 14 ó 15 años. De esa unión nacieron 12 hijos, estuvimos juntos hasta que él murió.  Después que me casé con Pedro vivimos cerca de donde estaba hato Jengibral, en una casa que le compró Pedro a María de Jesús Gimón. De Jengibral nos mudamos a Las Tapiecitas, allí nació Lucía, y de allí fundamos a Bella Vista cerca de Quebradón donde nacieron la mayoría de los muchachos.

 ¿Por qué Bella Vista? 

-Pedro llamó eso Bella Vista, ese nombre se lo puso él, le gustaba poner esos nombres así.  Ahí Pedro tenía trapiche, moliendas y cosechaba yuca, tenía buenos conucos con plátano, caña, yuca y sembraba arroz y maíz.

¿Es verdad que Pedro Castro fue el primer comisario de ese sector de Guatire?

-Yo no sé si Pedro fue el primero, no sé si antes había comisario por ahí, pero él fue comisario. Nosotros estuvimos bastante tiempo allí en la costa de Quebradón.  Cuando estábamos en Buena Vista sólo existía La Danta, luego cuando el compay Ibarra se casó con la comadre Teresa Pino, hicieron una casa allí en la orilla de Quebradón. También existía La Fe, donde vivía Etanislao, creo que el apellido era Ramos, vivía con una mujer llamada Gregoria, no recuerdo el apellido.

Cuando ustedes vivían allí ¿ya existía el ánima del Quebradón? 

-Estaba el muerto, en la playa del río, pero no había capilla como tal. Pedro ayudó a sacarlo junto a Esteban Campos, lo sacaron de la playa del río para que no lo bañara el río, porque donde estaba cada vez que el río medio crecía lo anegaba. Lo sacaron y lo pusieron allí donde está la capilla  actualmente.

¿Qué sabes de cómo murió quien allí está enterrado?

-Dicen que ese señor Juan Ramón Rodríguez, iba de La Ceibita y le dieron comida y después de comer se fue y posiblemente le dio una embolia, no se sabe, lo cierto es que lo encontraron muerto allí en la orilla del río y por el estado de descomposición lo enterraron en la orilla mucho tiempo después fue que Esteban Campos y Pedro lo sacaron.

¿Cuándo se vinieron a vivir en San Diego?

-No recuerdo en qué año fue. Cuando nos vinimos a San Diego, Pedro compró a Custodio Castro, una casa al frente de la escuela, allí donde vive ahora Carmen Ramírez, pero esa casa tuvo mucho desastre. Cuando nosotros nos vinimos,  a esa casa manaba agua por el piso y afuera. Por eso Pedro me dijo:  “vamos a tumbar esta casa y la hacemos de nuevo” y entonces nos mudamos a una casita que nos prestó Crisanto Ortega, mientras hacíamos la otra, pero esa noche que nos mudamos cayó un gran invierno, llovió mucho y la casa amaneció en el suelo. Entonces lo que hicimos fue limpiar el sitio y construir la nueva casa que es esa donde vive Carmen Ramírez. En esa casa Pedro tenía un negocio, una bodega, pero como quedaba para allá lejos la gente iba a comprar cuando no hallaba en el centro.

 ¿Cómo se fundó La Tacita de Oro?

-Pedro quería poner el negocio más al centro y le compró una casita a Rita Quintana en la esquina de la plaza, tenía un terreno grande que,  esa casa de los Mayo, formaba parte del terreno. Hizo la casa allí y puso la bodega y en la parte de atrás hizo una cosa que él llamó la parrillera porque vendía parrillas allí. Y le puso a la casa La Tacita de Oro. Eso ahora le cambiaron el nombre por el Caspín, (Caspín I y Caspín II), pero eso no pierde su nombre original que es la Tacita de Oro.

 ¿Cómo era la iglesia antes?

-De la iglesia anterior no me acuerdo, pero no era esa que está actualmente. Lo que sí sé es que una vez los santos los tenían en la prefectura y en la medicatura.

 ¿Te acuerdas de la negra Martínez?

-¿La enfermera?, claro ella es mi comadre.

 ¿Bailabas cuando muchacha?

-Sí, bailaba cuando era joropo, yo no sé bailar esa música de ahora. Cuando vivía en La Esmerada, que era el nombre que Pedro le puso a esa casa frente a la escuela, una vez le dije a Pedro, puro trabajar y nada más, pon una fiesta para yo bailar y pusieron la fiesta y bailé bastante. Desde entonces no bailaba casi. Pero ahora en el cumpleaños me hicieron bailar, cuando acordé tenía a Rafael sacándome a bailar, ¿no chico que es? le dije, eso se me olvidó y él me hizo bailar, y cuando hicieron un contrapunteo esos copleros me abrazaron y tuve que bailar con ellos.

¿Qué significó eso para ti?

-Eso fue bonito, un gran parrandón, muy contenta de ese cumpleaños con mis hijos y familia. Dos reses se asaron y esa cantidad de cantantes que me cantaron, lo malo es que yo no me preparé para dar unas palabras, un agradecimiento. Pero de repente más adelante cuando cumpla 83, 85 me preparo bien.

 ¿Algunas tradiciones?

-En Semana Santa era comer morrocoy y no se trabajaba, solo se trabajaba la semana anterior buscando leña. Preparando las zarandas, los muchachos preparando los trompos, uno salía a las casas vecinas y se compartía.

 ¿Cómo te sientes?

-Yo me siento contenta de que hoy en día todos mis hijos sean profesionales. Eso me llena de alegría, mis hijos conmigo y yo con ellos.

 ¿Cómo vez a San Diego?

 Cuando le preguntamos esto, nos sorprendió la respuesta, denota un gran sentido de la realidad de los tiempos del pueblo.

-San Diego ha tenido como tres cambios, primero eran unas tres casas de moriche y barro y las calles eran de pura tierra con charcos y barro en invierno. Después cambió cuando asfaltaron unas calles, había más casas  y mejoraron algunas y la gente se sentía tranquila en este pueblo. Después el cambio a la actualidad, donde uno vive en zozobra, este es el cambio de la petrolera para acá, donde se perdió esa tranquilidad, no se puede ni sentar afuera, de repente una piedra, un golpe, no hay tranquilidad.

 ¿Qué deseas para San Diego?

-Lo mejor-.

Esta entrevista fue realizada en San Diego de Cabrutica, en noviembre de 2011.

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